lunes, 10 de noviembre de 2008

LAS PIEZAS DEL ROMPECABEZAS

En eso se habían convertido varias de las tramas superpuestas de mi novela. En piezas de un rompecabezas virtual que poco a poco iban ensamblándose de manera natural, sin artificios y sin que yo tuviera casi parte. Las diferentes partes de la historia iban encajando unas en otras formando un todo, un ente mucho más claro que iba desembocando en una historia redonda.

Cuando yo comencé a esbozar la novela quise investigar sobre las calles madrileñas, sobre los cambios de nombres en calles importantes, cómo habían evolucionado del franquismo a la democracia. Por ejemplo la Avenida de José Antonio se convirtió en la archiconocida Gran Vía madrileña, o General Mola se transformó en Príncipe de Vergara. Pero no saqué mucho en claro, creía que era un camino sin retorno y lo deseché. Así que tuve que mirar para otro lado.

De todas formas las calles de Madrid tendrían mucha importancia. Ellas me llamaban, yo sólo tenía que acudir a su encuentro y todo lo demás venía casi sin querer. Fue una época increíble. Al hecho de que no me diera cuenta y las historias fueran casando a la perfección se une el que veía pequeñas señales por todas partes, o eso me parecía a mí. Creía estar en el buen camino.

Por ejemplo, aquella mañana de domingo. Un domingo de finales de febrero, cuando el sol empieza a lucir cómo él sabe, con un aire fresco pero casi limpio, preludio de una hermosa primavera. Me fui a pasear por el Retiro, que aparte de estar cerca de mi casa, es una de las zonas que más me gustan de todo Madrid. El que lo conoce sabe a lo que me refiero. Y allí estaba yo, bajo el inmenso azul del cielo madrileño. Esa luz increíble que a todos los autóctonos nos subyuga, pero que a los foráneos también encandila. Siempre me han dicho los que vienen de fuera que la luz de Madrid es especial. Y tienen mucha razón. Ese azul intenso, casi doloroso a la vista, teñido quizás por alguna nube lejana, casi vaporosa de blanco algodón, que no disminuía la grandeza de la bóveda celestial. Y que a todos nos hacía resurgir después de un duro invierno, ansiando esos primeros rayos solares, tan cálidos para las castigadas almas.

En ese hermoso entorno, rodeado de familias, niños con bicicleta, jóvenes patinando, personas haciendo ejercicio y tantos otros despistados que pasaban la mañana, tuve una de aquellas revelaciones, esa señal venida de no sé donde. Llegando a una plazuela muy conocida sólo tuve que alzar la vista y allí estaba. No me lo podía creer. Había pasado por allí en multitud de ocasiones y no me había fijado en lo que me brindaban los ojos. El hilo conductor de una maravillosa trama que encajaría como un guante con mis esperanzas. Todo me llegaba rodado y casi me daba miedo darme cuenta que la historia me llevaba a mí y no al revés.

O como otra ocasión en la que me encontré bloqueado, que la providencia o quién fuera vino en mi ayuda de nuevo. Yo quería desarrollar una pequeña aventura de los protagonistas a través de unos túneles que estuvieran en la capital. Por supuesto quería que fueran reales, pero al no encontrar nada, estuve pensando en crear unos totalmente ficticios, que partieran de los bajos de la Biblioteca Nacional. No tuve ocasión de ello. Casi sin querer descubrí en la hemeroteca de un diario importante que casualmente se habían encontrado unos pasadizos de más de 200 años, en una investigación universitaria de los años 90 y en un lugar que nunca me hubiera imaginado. Naturalmente fui a su encuentro y lo aproveché para la novela. Al llegar allí me vino la imagen, con mis personajes huyendo de sus perseguidores y metiéndose sin remedio en los túneles. Llegué a casa y me puse a escribir, sin mirar atrás. Estuve tan inmerso en la escritura, me llené tanto con la historia, que me pasó algo rarísimo. Cuando terminé la escena, mientras los personajes salían de los peligrosos túneles por los que habían transitado, tuve un pequeño mareo. Pensé que había sido el tener la mirada tan fija en la pantalla del portátil, que al retirarla me causó aquel efecto. Pero no, estaba verdaderamente mareado, cómo si yo hubiera pasado por los suplicios que había descrito. O mi imaginación me estaba jugando malas pasadas o aquella historia me había envuelto por completo. Tendría que retomar la situación.

De todas formas todo cuadró a la perfección y mis historias entretejieron una tela a su alrededor, dándole la forma que yo quería. Unas fueron encajando en las otras, como las famosas muñecas rusas, hasta alcanzar el cenit. Sólo quedaba rematar la faena. Darle un final acorde a las circunstancias. Y no creáis que fue nada fácil. Aunque tampoco tuve que esperar demasiado. Otra vez venían en mi ayuda o mi musa estaba inspiradísima. Ya me daba hasta miedo ver esas señales. O quizás era yo el causante, que veía señales donde no eran, pero que aprovechaba cada detalle para utilizarlo en mi favor.

Fue leyendo un reportaje en un dominical. Se contaba una historia real, ocurrida en la Europa de la II Guerra Mundial. Se me iluminó la mente y sólo tuve que dejar bailar a mis dedos. Aproveché la verdadera historia para adaptarla a nuestro país y a los hechos que aquí sucedieron en esa época en particular. Me quedé muy conforme con el resultado, ya que servía no sólo como final ficticio de mis historia. Quizás pudo suceder así y nunca nos llegamos a enterar. Mi obra había finalizado.

Y así pude terminar mi opera prima, casi sin darme cuenta. Con todas las piezas en su sitio y el alma que ya tenía la novela, arrebolada ante el bautismo con su verdadero nombre, el que siempre tuvo que tener. El que daba sentido a la historia, haciéndola nuestra, de todos nosotros. Ese título que anhelaba entre suspiros, deseando encontrar. Allí estaba, erguido ante mí, desafiante. Así se quedaría para siempre, ese nombre que llegó a mí para quedarse, sabiendo que era su destino.

La decisión estaba tomada. Mi primera novela se llamaría "El enigma de los vencidos"...

26 comentarios:

Martikka dijo...

Me encantan tus explicaciones. Y esos "encajes", esas "casualidades", esos atisbos de lucidez, son parte de la magia de la escritura. Todos lo hemos vivido y es maravilloso.

Armando Rodera dijo...

Hola, Martikka. Me alegra saber que te gustan mis explicaciones, de verdad.

Efectivamente era algo "mágico", no me lo podía explicar. Me sucedían esas cosas y otras parecidas y no le encontraba la razón. Sólo se me ocurría que la historia me llamaba y quería que la escribiese así, aunque pueda parecer una tontería. Será la emoción del primer retoño, ya que con la segunda novela no tuve tantas de esas sensaciones, aunque también me encontré con hallazgos y casualidades no tan casuales.

Un placer seguir disfrutando de tus comentarios. Saludos.

Arwen Anne dijo...

a mi también me ha pasado eso en más de una ocasión, como ver que el castillo realmente existe, que el paisaje también, que la abadía también existió esplendorosa en las cercanías del castillo...todas esas cosas son parte de la magia de la literatura, y te puedo decir una cosa, no tengas miedo porque la historia te lleve, déjate llevar y te sorprenderás de lo que ésta te hará contar. Tienes que controlar, no salirte de la línea que te has propuesto, de la historia que quieres contar, pero déjate llevar.

Armando Rodera dijo...

Tienes mucha razón, Arwen. Creo que nos dejamos atrapar y la historia nos lleva por los derroteros precisos. Hay que ser cauto para no salirse de esa línea que dices, que seas tú quién dicta el camino, aunque a veces la historia y los personajes se rebelen.

Pero esa magia existe y nos ayuda a conseguir nuestro objetivo. Y esperemos que siga existiendo siempre, acunándonos en su regazo, ya que es primordial para nuestro crecimiento.

Gracias por tu comentario, Arwen. Un saludo.

Maribel dijo...

El enigma de los vencidos. Buen título. Me gusta el entusiasmo que le pones a las palabras, narras tus peripecias para crear la novela como si fuera una auténtica novela. Transmites la fuerza que te mueve a través de la pantalla. Sigue así.

Ah, y a mí también me encanta Madrid y su cielo.

Saludos.

Armando Rodera dijo...

Hola de nuevo, Maribel. Me alegra saber que te gusta el título. Me costó lograrlo, pero al final terminó por convencerme.

Es grato saber que el trabajo de uno llega a los demás. No era mi primera intención que estas peripecias literarias fueran casi como otra novela, pero igual tengo que plantearmelo como ya comentó Eduard en otra entrada.

Pero sólo el saber que os transmito esa fuerza, que a través de este mágico medio os llega también a vosotros, hace que ya merezca la pena. Seguiré así o por lo menos lo intentaré.

Ese cielo madrileño, ojalá tuviera menos contaminación. Pero tendremos que conformarnos con lo que tenemos, que no es poco.

Un saludo.

arantzast dijo...

Me encanta la forma que tienes de describir como fue surgiendo la historia poco a poco como un niño que va creciendo día a día. Leyendo las historias de tu blog haces que los que hemos tenido el privilegio de leer la novela volvamos a emocionarnos con las historias que cuentas.

Carolina Pérez dijo...

Parece que he traspasado una puerta a través de tus aventuras y desventuras.
Te seguiré leyendo, sin duda.
Enhorabuena por lo que haces.
Un abrazo.

Lola Mariné dijo...

Bueno, tu narración sobre el proceso de creación de tu novela es material para una novela en si misma (guardalo en el cajón de las ideas para un futuro), y el título también me encanta.
Estoy deseando que la publiques para recorrer con tus personajes ese Madrid que me trae tan buenos recuerdos.

. dijo...

¡Bravo, Armando, Bravo!

Esta es la diferencia material, la prueba irrefutable, entre contar y ecplicar. Se cuenta narrando, y eso es alma de escritor; se explica diciendo, acción que realizaría cualquier bloguer.

Me has metido en esos tuneles, he paseado por el retiro tras de ti y me he mareado hasta el título por saber más, esa sed de lector con el texto que lo acompaña en sus sueños.

Un abrazo de este escritor-lector que se confiesa fan de esta novela, y de la otra, y de la siguiente.

Eduard Pascual
http://codex10.blogspot.com/

Armando Rodera dijo...

Bienvenida a esta pequeña comunidad, Arantza. Sé lo que te cuestan estas cosas, por eso valoro mucho más el esfuerzo realizado. Espero que te quedes ya entre nosotros y sigas participando en el crecimiento de esta página.

Es maravilloso saber que te vuelves a emocionar con mis pequeñas historias, que como tú bien intuyes son el germen de lo que un día fue surgiendo en mi corazón, poco a poco, casi sin hacer ruido. Eso intenté plasmarlo en el papel y creo que lo conseguí si me atengo a tus palabras.

Gracias por tu aportación, Arantza, sabes que lo valoro muchísimo y tu apoyo es muy importante para mí.

Espero seguir viendote por aquí, ahora que has perdido el miedo escénico.

Hasta muy pronto. Un beso.

Armando Rodera dijo...

Encantado de saludarte, Carolina. Te agradezco de corazón tus palabras y espero que sigas por aquí, traspasando ese umbral invisible de vez en cuando. Así podrás unirte a esas aventuras que todos los que soñamos con escribir nos gusta recordar.

Me paso también por tu blog más tranquilamente, que he visto temas interesantes que me han llamado la atención.

Saludos.

Armando Rodera dijo...

Encantado de volver a saludarte, Lola. Como decíamos ayer (que Fray Luis de León no se nos moleste), creo que os voy a tener que hacer caso a todos. Tendré que guardar esa idea en el cajón de los futuros proyectos, ya que parece tener buena acogida. Quién sabe, quizás con ese tema consigo mi sueño.

Me alegro que te guste el título y la historia. Y me encantará tener esa novela impresa entre mis manos y poder compartirla con todos vosotros. Tiempo al tiempo.

Un saludo

Armando Rodera dijo...

Amigo Eduard, tus palabras me llenan de orgullo. Si es cierto lo que dices, mi pequeña alma de escritor ha conseguido mucho más de lo que en un principio se proponía.

Y si con mis palabras consigo que el lector tenga sed de ellas, que quiera seguir leyendo para saber cómo termina la historia, mi labor está en el buen camino. Saberlo me satisface de una manera que no podéis imaginar, es casi un sueño hecho realidad.

Espero, compañero de fatigas literarias, que sean muchas novelas más por ambas partes las que nos sigan uniendo en el camino de las letras impresas. Ese recién comenzado y que tiene un trecho infinito por recorrer.

Un abrazo de este aprendiz de escritor al que también le encanta leerte.

esther dijo...

Hubo un tiempo en el que a mi también me iluminaba el cielo azul y helado a veces de Madrid.
Lo recuerdo muy bien, pese a que el tiempo vuele y ahora todo parezca tan lejano. Recuerdo ese cielo y también las mañanas de dominego en el Retiro, cuando un madrileño de pro le enseñaba a la nena de Barcelona su parque más querido.
Igual que no he olvidado estas cosas, tampoco podré olvidar nunca el empeño, la fuerza, las ganas y la ilusión que le pusiste a la creación de tu "hijo literario".
Soy una de las privilegiadas personas que puede presumir, no sólo de conocerte y quererte, si no de haber leído tu novela: una joya todavía por descubrir, pero ansiosa por salir al mundo y, en cierto modo y con su mensaje, cambiarlo.

Ánimo, seguro que lo consigues.
No puede ser de otra manera, está escrito.

Maktub.

Y un petonet.

Proyecto de Escritora dijo...

Me gusta como suena el título, y la verdad es algo importante para que tenga éxito o no. A veces no sabes como titular los textos que escribimos, pero cuando menos te lo esperas ves la luz, o algo que te inspire y encuentras el mas idóneo, el que encaja con la historia como anillo al dedo. He vivido también esa sensación.
Cuando encajan todas las piezas, se siente uno tan bien...

Un saludo!!

Armando Rodera dijo...

¡Qué alegría verte por aquí, Esther! Ya sé que eres una las fundadoras del club de amor y odio hacia Madrid a partes iguales, y lo comprendo perfectamente.

Ese cielo azul, tan límpido y tan frío a veces nos cobija a su manera. Como bien dices parece mentira lo deprisa que pasa el tiempo, pero me alegra saber que esas imágenes se grabaron en tu retina.

Eran mis ganas de vivir las que plasmaba en la novela, la ilusión del primerizo, del que busca un sueño inalcanzable. Por eso esas pequeñas historias se juntaron para mí, formando algo mágico, ya que detrás de todo ello se encontraba mi propia alma.

Muchas gracias por tus bellas palabras, Esther. Todos vosotros me dais fuerza, me ayudáis a continuar en mi loco empeño. Y más las personas a las que realmente aprecio, ya que sin mis amigos tampoco podría estar aquí.

Y tranquila, que esa joya por descubrir a la que te refieres verá la luz en un futuro próximo. Lo sé, lo tengo claro. Y todos vosotros me lo confirmáis. Algún día podremos brindar con una copa de cava en la mano mientras fascinado contemplo el libro impreso, rodeado de toda mi gente.

Si está escrito, que así sea.

Un beso muy fuerte, para tí y para esa fantástica Barcelona.

Armando Rodera dijo...

Qué razón tienes, proyecto de escritora. Cuando todo encaja uno se siente a las mil maravillas. Y eso es lo que ocurrió cuando di con la tecla adecuada y el título propicio se apareció ante mí. Lo demás vendría ya sobre ruedas conseguido ese triunfo.

Muchas gracias por volver a pasarte por aquí. Así todos contribuimos a que esta página sea cada vez mejor.

Un saludo

B. Miosi dijo...

Armando: "El enigma de los vencidos" es un magnífico nombre para tu novela. Pasé por la página Web de la novela y leí la sinopsis. Me impresionó. Estoy segura de que será un verdadero éxito. Y la manera como cuentas el proceso de su creación es tan interesante como la novela misma, supongo, Siempre he pensado que escribir, es la mejor parte de todo, es vivir la aventura que contamos, es ocupar los espacios, los personajes y sufrir o reír con ellos. Una vez acabada la obra se siente como si faltase algo.
Me encantará leer esa novela que se perfila maravillosa.
Un abrazo!
Blanca

Armando Rodera dijo...

Encantado de volver a hablar contigo, Blanca. Me alegra saber que te gusta el título, creo que tiene mucha fuerza. Y ya veo que has visitado la web sobre la novela, es un placer saber que te ha impresionado.

Sin saberlo te has adelantado a mi próxima entrada, ya que pensaba hablar un poco de esa web mientras sigo con mi historia personal, ese proceso de creación que después de tantos vaivenes me ha llevado hasta vosotros.

Y que razón tienes cuando mencionas que es como si nos faltara algo al terminar nuestra obra. Es como si te arrancaran un pequeño trozo de tu alma, esa que has dejado traslucir en tus escritos, dando lo mejor de tí.

Muchas gracias por tus bellas palabras, a las que doy muchísimo valor viniendo de una gran escritora como tú.

Saludos y un fuerte abrazo.

B. Miosi dijo...

Nada de gran escritora, Armando, por favor. Yo también estoy en la senda, y ahora es que me falta.

Besos

Armando Rodera dijo...

Bueno, Blanca, pues por lo menos una prometedora escritora. Alguien que está en la misma senda que muchos de nosotros, pero sólo unos pasos por delante.

Un saludo.

Holden Caulfield dijo...

¿Y dónde terminaremos todos?

Malube dijo...

Pues si todo va bien, acabaremos en el estante de una librería. Explicas con pasión el proceso creativo yseguro que esa pasión está en las páginas de tu libro. No desesperes y sigue adelante. Nunca es fácil pero es posible.
Me ha gustado mucho todo lo que he leído.

Armando Rodera dijo...

Bienvenida al blog, Malube. Me alegra mucho verte por aquí y saber que te ha gustado lo que has visto.

Te agradezco tus palabras de apoyo, de verdad. Tu caso nos demuestra que nada es fácil, pero con trabajo y dedicación todo se puede conseguir. Yo seguiré intentándolo, desde luego.

Un saludo y esperamos seguir viéndote por aquí.

Anónimo dijo...

Armando, después de los comentarios que leo en este blog, al que sumo el mío en la misma línea, creo que tienes un filón en esa forma que tienes de contar experiencias personales y quizá deberías ver qué puedes hacer con eso para que se plassme en alguna novela, ensayo, etc...
Piénsalo.
Un abrazo.