lunes, 3 de noviembre de 2008

UNA NOVELA CON ALMA PERO SIN NOMBRE


Una vez terminada mi opera prima, me asaltaron las dudas. Para ser exactos, me llevaban asaeteando mi castigado cerebro desde varias semanas atrás. Justo las anteriores a la fecha en la que puse el último punto y aparte, sin haber sacado nada en claro frente a un dilema peliagudo: el título de la novela. Tiempo y tiempo devanándome la sesera para encontrar algo en consonancia con el manuscrito, pero no daba con la tecla adecuada.

Dicen qué aún siendo uno un ávido lector, cuando uno da sus primeros pasos escribiendo comienza con lo que mejor conoce. Así que no es nada raro que un autor hable de sus vivencias, sus temores, sus sentimientos. En mi caso esto era una navaja de doble filo. No tenía costumbre de escribir todos los días, de entregarme a la causa de rellenar ese dichoso folio en blanco. Pero tampoco estaba acostumbrado a desnudar mi alma, a plasmar mis emociones o sentimientos, a buscar en la literatura lo que no encontraba en el mundo real. Y en esta tesitura estaba cuando comencé a versar sobre todo este embrollo.

En principio yo quería escribir una novela ambientada en mi Madrid, pero no sabía qué enfoque darle. Sólo barruntaba que sería una novela de aventuras, con un toque costumbrista y una trama misteriosa y detectivesca. Pero poco más. Me encontraba francamente perdido, dicho sea de paso. Y ya se sabe que los comienzos siempre son duros. Me veía como el pobre dominguero con calzado de senderismo intentando escalar el Himalaya sin arnés, oxígeno ni nada que se le pareciera. No sé si la inocencia es una virtud, pero allí me lancé sin paracaídas.

Así que el pobre protagonista, joven luchador con infancia dura y adolescencia más llevadera, comienza a vivir su historia cuando conoce a una chica de clase alta. Eso le traerá no pocos quebraderos de cabeza pero a todos tendrá que sobreponerse. Y en esa primera parte me atasqué un poco, hasta que llegué a la trama principal de la obra: la búsqueda y solución de un misterio que movería todas las estructuras establecidas.

Debe ser que a escribir también se aprende. Después de estos inicios titubeantes y debido a que por motivos personales y profesionales pude dedicar más tiempo a mis quehaceres como escritor en ciernes, pude ir sacando adelante la obra. Ya inmerso en un tumultuoso mar de misterios, enigmas por resolver y malvados perseguidores aprendí muchas cosas, de mí y del oficio de escribir. Algo impagable para una persona como yo.

Me perdía por esas callejuelas de Madrid, buscando la esencia que quería impregnar en mi obra. Ese alma literaria que se escabullía entre mis dedos y que pretendía que prendiera en la trama. Paseaba por sitios mil veces visitados o por otros que ni siquiera sabía que existían. Lo veía todo con otros ojos, con la mirada ilusionada de un niño en su primera vez en el zoológico. O con el gesto tímido de alguien a quién por fin le han quitado la venda de los ojos. Sentía la ciudad vibrar, latir su corazón. Y yo formaba parte de aquel maravilloso momento.

Recorriendo las plazas, las esquinas perdidas, los recovecos más escondidos del viejo Madrid de siempre me acostumbré a mí mismo y a mi nueva faceta. Alucinaba con las cosas que iba descubriendo sobre mi ciudad, ya fuera por verlas con mis propios ojos o por documentarme para la novela. Y todo esto me sirvió sobremanera. Algunos de esos bellos episodios los he intentado reflejar en la obra. Por ejemplo, el levantar la vista y encontrarte con esas típicas placas que nos recuerdan que allí vivió, murió o creó alguno de los insignes habitantes de la capital. Siempre me encuentro con alguna placa nueva, aunque haya pasado mil veces, es curioso.

O caminar por millonésima vez bajo los arcos de la Plaza Mayor, punto neurálgico del centro de la ciudad y quizás de mi obra. Reconocer, mal que me pese, que contaba por primera vez el número de arcadas principales que tenía la plaza. O averiguar a quién pertenecía la estatua ecuestre que anida en su centro. Y otros muchos detalles que no quiero desvelar de momento. Con todo ello conseguí que Madrid fuera uno más, o casi el principal protagonista de nuestra historia.

Yo veía mi novela casi en pantalla cinematográfica. Por las noches es cuando mejor he pensado, ahora y siempre. Y cuando me acostaba en mi cama, cuando los demonios de la noche nos visitan, yo ponía mi mente a trabajar. El proceso era sencillo. Durante el día recorría la zona sobre la quería escribir una de las tramas principales y por la noche la recreaba en mi mente, ya con los personajes metidos en su papel, transitando por esos mismos parajes. Y aunque no lo creáis, me funcionaba.

Al día siguiente, y sin haber apuntado nada en libreta alguna salvo honrosas excepciones, me ponía a transcribir lo visto en mi cinematógrafo particular. Y casi como en una escena de “Cinema Paradiso”, los personajes y sus vivencias cobraban vida. Era algo increible que yo solito estaba logrando y me sentía orgulloso y maravillado, aún sin llegar al nivel del maestro Tornatore. Pero esto lo seguiré contando en próximas entregas...

20 comentarios:

Lola Mariné dijo...

¡ja,ja,ja...! Justo acabo de añadir una entrada en mi blog con este tema.
Pero lo que más me gusta de tu texto es cómo describes esa mirada de escritor observando el mundo que le rodea, y tu amor por Madrid, que comprendo y comparto, pese a vivir en la mejor ciudad del mundo (léase Barcelona, jeje...)pero he vivido en Madrid muchos años y me encanta como la describes.
Un saludo.

Armando Rodera dijo...

Parece que nos estamos cruzando, ja, ja. Acababa de visitar tu blog, he dejado un comentario y ni había visto este tuyo.

Me alegra saber que te gusta como lo describo, es que yo me sentía así en realidad. Mi relación con Madrid es de amor/odio. Me encanta, no lo voy a negar, aunque a veces me saque de quicio.

Yo no he vivido en Barcelona, pero también la conozco bien y tengo grandes amigos allí. No sé si será la mejor ciudad del mundo, pero te permito la licencia, je, je

Bueno, seguiremos compartiendo experiencias por aquí.

Saludos

Martikka dijo...

Me gusta tu mirada de escritor. Tienes suerte de poder escribir directamente tras esos paseos; supongo que tu historia ya estaba en tu interior.
Cuando fui a Egipto pensé que debía escribir algo sobre él, pero no me salió nada hasta casi 2 años después. Mi mirada ahora es en realidad recuerdo.
Lo del título me pasó a mí también, pero no en las primeras novelas, donde lo tenía muy claro, sino en la última, la que escribo ahora. Hace unos meses ya encontré el definitivo, pero guardo una lista con no menos de 25!!
Saludos!

Armando Rodera dijo...

¡¡Hola, Martikka!!
Gracias por tus bellas palabras. La verdad es que eso sólo me pasó en esta primera obra, que creo es la más personal y con la historia más bonita.
En la segunda he trabajado de otro modo, aunque como tú utilizando los recuerdos para determinadas escenas, vivencias, lugares. Eso si, con mayores problemas a la hora de encontrar título, que le vamos a hacer.
Ahora estoy en una disyuntiva. Que en mi tercera novela trate sobre unos esbozos en los que trabajo, (sin título, por supuesto), o retome mi peregrina idea de intriga de 1993, donde lo único claro es el maravilloso título que ya tengo y no quiero que nadie me quite, je, je

Saludos

Arwen Anne dijo...

Te deseo mucha suerte con la novela, y tranquilo, el título ya saldrá, verás como un día, te pones a escribir, y te sale el título. Por lo demás, yo tenía la historia clara desde un principio, y no he tenido problemas ni a la hora de escribir la historia, ni a la hora de elegir un titulo, pues el título de mi novela es el nombre de la historia

Armando Rodera dijo...

Hola, Arwen.
No, si título ya tengo para mis dos obras. Otra cosa es que esté más o menos satisfecho. Con la primera, de la que estoy empezando a hablar en el blog, estoy muy conforme con su nombre definitivo. Con la segunda ni fu ni fa, aunque es verdad que con el paso del tiempo me he ido acostumbrando. Imagino que depende de cada obra, de la inspiración, del momento y de que un día te levantes y digas, "Eureka", como el señor Arquímedes.
Un saludo

Proyecto de Escritora dijo...

Veo que tenemos varias cosas en común. Para empezar somos escritores noveles que intentan hacerse un camino en este mundillo tan difícil. Tus comentarios me suenan y tus vivencias también. Además de que los dos somos de MAdrid. yo también me he paseado por sus calles para ambientar mis novelas, he soñado con mis personajes y los he visto en cine...Mi afición también comenzó en el cole, cuando nos mandaban textos y cuentos que escribir. Desde que se me despertó el gusto por hacerlo no he parado.
No me dan miedo las hojas en blanco porque se que tarde o temprano la inspiración hará que se llenen.

Me laegro de que hayas dejado un comentario en mi blog, porque así he llegado yo al tuyo.

Seguimos en contacto!!

Un saludo!

Armando Rodera dijo...

Bienvenida, proyecto de escritora. Ya veo que tenemos muchas cosas en común, como bien dices, aunque nos diferenciamos en otras, claro está. Y seguro que según vaya contando cosas, más te irán sonando...

Si, me he pasado por tu blog, que veo que tiene buena aceptación y te he dejado comentarios en diversos posts. Estaré encantado de qué te pases por aquí cuando quieras. Yo ya he enlazado tu blog al mío, por si quieres hacer tú lo mismo.

Un saludo desde 20 Km al norte de Getafe.

. dijo...

Hola,

Exquisitez de palabra es lo que sale del tableteo de tu teclado. Es curioso como a cada cual le llega la musa del modo más variopinto. Si Diogenes no fuera un síndrome tan desagradable, se podría utilizar para definir al que acumula historias en su cerebro.

Cada escena es una historia en sí misma; mira que bien lo cuentas, Armando. Cada vuelta de palabra nos invita a seguir leyendo cómo acudes al canto de sirena en literatura. Cada frase, Armando, busca su enlace con la siguiente; cada párrafo busca su valor; cada nueva entrada un lejano lector.

Voy a confesar que me has hecho adicto a la trama que bordas en letra de imprenta. Si le pones algunos conflictos más al personaje que estás presentando, tendrás una nueva novela en unos pocos meses: la historia de un escritor que, buscando publicar un libro, encontró el Santo Grial de la literatura. Puede parecer banal a un simple golpe de vista, lo sé, pero sirve como ejemplo, y contiene mucho mensaje entre líneas que tal vez resulte profético.

En mí caso, las ideas aparecen cuando menos lo espero. Unas veces estoy de paseo con Vilma, mi perra Golden; otras, llegan en forma de pesadilla que me obliga a despertar para anotar lo soñado; algunas otras pocas, de mil y una formas que se adaptan a mi modus vivendi.

Tal vez, lo más interesante sea confesar que me encanta el "folio" en blanco, porque puedo llenarlo de estupideces que acaban cogiendo tono por sí mismas al paso de algunas líneas. Por lo general sé hacia donde voy, pero me rindo a la fuerza onírica de los personajes y, al cabo, me descubro como un burdo espectador de esa vida privada que fluye ajena a mi presencia. Como Dios a los hombres, dejo vivir o morir a los personajes según su propia vida entre las páginas.

Me encanta escribir. Me maravilla leer.

Desde el más profundo cariño y respeto: No dejes de escribir, Armando, porque ya casi no tienes derecho a privarnos de tu prosa. Ahora que eres casi nuestro, de este cada día más nutrido grupo de lectores incondicionales, sólo nos queda esperarte en cada vuelta de de página.

Un saludo, amigo,
Eduard Pascual
http://codex10.blogspot.com/

Armando Rodera dijo...

Querido Eduard

Sé que no debería decir esto alguien que pretende dedicarse a la literatura. Pero es la pura realidad. Me has dejado casi sin palabras, anonadado principalmente.

No sé si realmente merezco los elogios que me prestas, pero desde luego que me has subido la autoestima hasta límites insospechados. Al empezar a escribir yo quería contribuir a que otros personas sintieran algo con mis palabras, que se dejaran transportar por la sinfonía de letras, como algunas veces habían conseguido conmigo tantos buenos autores. Y si de verdad consigo la mitad de lo que tú mencionas, me haces el hombre más feliz del mundo.

Cuando comencé este blog no sabía muy bien por donde caminaría, casi como me pasa con mis novelas. Pero luego mis dedos corren veloces por el teclado y cuento a mi manera las historias que realmente me han pasado, o por lo menos como yo las recuerdo. Si eso sirve para crecer como escritor y que nuevos lectores se unan a esta recién comenzada familia, pues estaré consiguiendo parte de mi sueño.

Es una gran idea la que propones para una novela, aunque casos parecidos creo que me suenan de algo. De todas formas lo apunto, nunca se sabe. Aunque realmente el copyright es tuyo y podrías domar esa ola perfectamente, no tengo ninguna duda.

A cada uno le llegan las ideas en el lugar y el momento más insospechado, pero como dijo el maestro, hay que estar trabajando cuando te llega la inspiración. Y sé que tú eres una persona muy trabajadora y que llegará muy alto, lo tengo clarísimo.

Yo tampoco tengo miedo al famoso "folio en blanco". La verdad es que nunca me ha pasado que no supiera que escribir. Igual luego tacho, reestructuro o lo que sea, pero no me quedo sin ideas. Algunas veces no tiene mucho que ver lo que mis traviesos dedos han escrito con lo que había pensado previamente, pero casi siempre quedo bastante satisfecho con el resultado. Es algo difícil de explicar, que contaré más detalladamente en otras entradas.

Sin un libro en las manos yo tampoco sé estar y el escribir es algo que alimenta nuestras almas. Y si con mi pequeño esfuerzo he conseguido engancharte a esta humilde página creo que todo ha merecido la pena.

No sé si soy parte vuestra pero vosotros si lo sois mía. Ahora sí que puedo decir que ha merecido la pena emprender este camino y las reticencias a contar en público estas pequeñas cosillas han desaparecido como por encanto. Seguiré por supuesto con el blog y espero que los grandes amigos que me están acompañando en esta travesía sigan ahí cuando todos lleguemos a puerto.

Un abrazo, amigo Eduard.

Ana Enríquez dijo...

Hola Armando:

Te prometí pasarme por tu blog y dejarte mi opinión y lo prometido es deuda. Para serte sincera, lo que menos me ha gustado de tu "opera prima" es no habérmela podido leer entera. Los fragmentos dejan con la miel en la boca, porque cuentan lo justo para abrirte el apetito de querer seguir leyendo. La historia es emocionante y los lugares donde transcurre, entrañables. Esa pequeña tienda en El Rastro, el rótulo polvoriento, la escalera de caracol....... cuentan viejas historias que muchos tenemos dentro. Como te dije, las ciudades hablan, da lo mismo cual sea. Sin haberlo leído entero, estoy segura de que el libro se merece estar al alcance de todos.
Un abrazo,
Ana Enríquez

Armando Rodera dijo...

Hola Ana, bienvenida a este pequeño club.
Ya veo que cumples tus promesas y estoy encantado de saludarte también desde aquí.

Me alegra saber que lo que menos te gusta de la novela es no haber podido leerla entera. Eso es lo que pretendía con los pequeños fragmentos que de manera tan sublime has conseguido a través de los acertijos: dar al posible lector la punta del iceberg, asomarle al abismo que se encuentra tras unas simples palabras. Así, una vez traspasado ese invisible umbral, quería atraparle para siempre en una temible red: la de querer seguir leyendo para ver que ocurre a continuación.

Esas viejas historias son la esencia de cada uno y todos las llevamos muy dentro, sólo hay que dejarlas florecer y asomar a la superficie. Y sé que más temprano que tarde, esa aventura completa estará al alcance de cualquiera que en algún momento haya creído en los sueños.

Un saludo.

B. Miosi dijo...

Armando: la primera novela se escribe con las entrañas. La segunda es la prueba de escritor. En la tercera te pruebas a ti mismo que puedes asumir el riesgo. Y creo que si tienes suficientes arrestos para haber dado el primer paso y el segundo, los demás escalones los irás subiendo sin mayor dificultad, sólo la que tu mismo te impongas. Debes creer en ti y cerciorarte de que lo que escribes sea lo más cercano a la perfección, me refiero por supuesto, a las correcciones. A un escritor reconocido se le perdonan errores, pues las editoriales tienen equipos para edición, pero a un novato, no.

Como siempre, sigo tus pasos con atención,
Blanca

Armando Rodera dijo...

Encantado de verte por aquí de nuevo, Blanca. Sabes que tú siempre eres bienvenida.

Aciertas cuando dices que la primera obra sale de las entrañas, porque así fue también en mi caso. Puse mi alma, mis sentimientos y las ganas que tenía de expresarme para poder encauzar esa novela. Y ya con la segunda me fue más fácil, parecía que había aprendido el oficio de escritor, tenía más automatizados determinados procesos de creación.

Debo entender entonces que con la tercera es la definitiva prueba de fuego, independientemente del tema editorial, para ver como nos desenvolvemos en esto. Todavía no he comenzado esa tercera novela y no sé todavía ni cuando lo haré, ni hacía donde encaminaré mis pasos. Pero intentaré que el fuego de esa prueba no me engulla dentro de sí, más bien que alimente mi caldera interior, la que hace que pueda llegar a expresar libremente lo que guardo en mi interior iluminando a la vez el camino por el que transito.

Espero que sigas por aquí durante mucho tiempo.

Un saludo

Monica Alvarez dijo...

Me parece bien que desees ser escritor.La verdad es que el escritor debe ser un buen observador pero a la vez un actor de manera que en lo que escribe,no solo incluya descripción del paisaje y de sus personajes,sino también que le imprima interioridad,intensidad,fuerza,todo lo cual lo otorga la vivencia misma del autor,sus experiencias,sus conflictos,sus dolores,su relación con los otros y con el entorno.
Llevas ya algo encaminado.
Leer,observar,describir.
Saludos desde Chile

Blas Malo Poyatos dijo...

En mi opinión es necesario darle un título cuanto antes a lo que se está escribiendo. Llamarlo de alguna forma, aunque no sea definitivo pero llamarlo.

Los egipcios creían en el poder de la palabra. Darle nombre a algo era hacerlo existir. Leer en voz alta los nombres de los cartuchos inscritos en los jeroglíficos era resucitar a los muertos del olvido.

Así que dale nombre a tu criatura. ¡Verás qué diferencia!

Un saludo

Armando Rodera dijo...

Encantado de saludarte, Mónica. Y me agrada saber que lectores de otros países visitan este blog.

Voy a aprovechar este comentario para saludar a esos visitantes de diversos países europeos y americanos que sé que visitan esta página, gracias a las chivatas estadísticas de la web. Me encantaría y creo que al resto de la gente de esta pequeña comunidad también, que esos lectores se convirtieran en participantes activos, dejando sus comentarios y ayudando a que esta página siga creciendo entre todos.

Estoy de acuerdo, Mónica, con todo lo que dices. Eso he intentado plasmar en mi primera novela. No sólo contar una historia creando unos personajes, también plasmar mis vivencias, insuflarle mi alma, darle una esencia particular que sólo yo pueda darle. Mientras, sigo escribiendo y aprendiendo, porque nunca dejamos de aprender a lo largo de nuestra vida.

He visto que tu blog lleva mucho tiempo online. La poesía no es mi fuerte, pero seguro que visitandote más a menudo podré sacar algo más en claro.

Un saludo

Armando Rodera dijo...

Tienes razón, Blas. Cuando en esta primera obra supe ya el título definitivo, me quedé mucho más tranquilo. Y la novela cobró fuerza, es verdad. Sabiendo hacia donde me dirigía, fue más fácil todo lo demás. Pero reconozco que con la segunda fue todo un parto, no encontraba nada que me subyugara de verdad. Debe ser que los títulos no son lo mío...

Encantado de verte por aquí, Blas. Un saludo.

Yina Guerrero dijo...

Estoy enamorada, me encanta como escribes, tu prosa es bellísima. Yo también espero a ser escritora, me trago las altas horas de la noche y también de la madrudada, tecleando en mi laptop, una de mis mejores amigas. A ver si algún día tengo la dicha, de como tú, ser publicada. Mientras, por aquí me quedo, siguiendo desde cerca tu historia. Abrazos desde República Dominicana y muchos éxitos...

Yina Guerrero dijo...

*Llegar a ser ;)