jueves, 11 de diciembre de 2008

NIEBLA EN EL BOSQUE

Después de informarme un poco mejor sobre las bondades de la coedición, y mientras seguía enviando mi novela a determinadas editoriales, alguien muy cercano a mí me vino con un soplo. Igual era una señal, no podía dejarlo pasar. Me hablo sobre un premio literario, no demasiado conocido y que además contaba con un requisito fundamental. Aparte de ser una obra inédita, la trama debía tener lugar en Madrid, ya que lo patrocinaba una empresa relacionada con el Ayuntamiento de la capital.

¿Qué mejor novela que la mía para merecerse ese premio?, pensé yo. Una trama aventurera, ágil y divertida, que nos llevaba por los recovecos del Madrid de los Austrias, una de las zonas más queridas y visitadas de la ciudad. Así que fui a informarme sin demora. El premio se llamaba "Río Manzanares de Novela" y como el insigne aprendiz de río, allí estaría mi pequeña obra intentando abrirse camino entre las fauces de la civilización que nos rodea, luchando contra los molinos de viento que nos salieran al paso.

Aparte de la publicación del libro, el ganador tendría una recompensa económica bastante importante en forma de adelanto de derechos de autor, pero que suponía un buen pellizco. Yo sólo pensaba en la publicación, en el prestigio que conlleva dicho premio, pero a nadie le amarga un dulce. Así que me pertreché con las copias que demandaban las bases. Acudí raudo y veloz a la sede de la Empresa Municipal de la Vivienda, que era donde había que entregarlo. Rellené una solicitud y salí de allí todo contento. Sabía que era muy difícil, pero nunca se sabe.

Pensaréis que la ilusión del novato era demasiada, que el árbol de sus deseos no le dejaba ver el bosque que se encontraba más allá, impidiéndole pensar con claridad. Ni siquiera caí en la cuenta de que lo normal en los premios literarios era todo el asunto de plica y seudónimo. Lo que me quedaba todavía por aprender. No puedo decir nada raro sobre el fallo del concurso, ya que no tengo ninguna idea preconcebida al respecto, pero todo quedó en agua de borrajas para mí. Aunque el velo de mis ojos había empezado a desaparecer. Y la espesa niebla remitía poco a poco.

Por supuesto, aquello no me hizo desesperar. Mientras seguía buscando soluciones, llegó a mi conocimiento noticias sobre el premio Gran Angular de novela, tanto infantil como juvenil. Yo había disfrutado sobremanera de pequeño con los libros del Barco de Vapor, así que pensé que sería una buena idea participar. Mi novela está destinada a un público adulto, pero puede interesar a una horquilla razonablemente extensa de edades, por lo que consideré que podría ser presentada al concurso juvenil. Y de nuevo me tiré a la piscina, sin flotador ni nada. El resultado fue el mismo.

Ya no volví a presentarme a ningún premio literario con mi obra. Mientras, había leído de todo sobre el particular. Qué si los certámenes están ya adjudicados de antemano, que si hay apaños en las votaciones con escándalos incluidos en determinados premios importantes, etc. Me recomendaron probar con los premios más pequeños, de Ayuntamientos o concejos, para ir haciendo curriculum. Pero si querías cumplir las bases a rajatabla, te obligaban a no mandar la obra a ningún otro sitio, a dejarla guardadita por si acaso y siempre tenían la opción de quedarse con los derechos de tu obra aunque no resultara galardonada. Demasiadas cortapisas.

Así que abandoné la idea de presentarme a ningún otro premio con mi obra. Tendría que sacarla al mercado por otros medios. No ha sido hasta este año, una vez terminada mi segunda novela, ésta vez de género negro, que decidí intentarlo de nuevo. Vale, la obra estaba casi virgen, sin pulir demasiado, pero se me acababa el plazo y los concursos de novela negra tampoco son tan habituales. Craso error. El fallo de la misma tuvo lugar en verano de este año y el ganador fue un autor muy conocido entre los habituales de la novela policíaca, cuyas obras me han proporcionado muy buenos momentos mientras compartía pesquisas con él. Lo raro de todo esto es que el libro estaba en la calle en menos de un mes desde el fallo. Sabiendo todos lo que cuesta sacar un libro a la luz y suponiendo que nadie supiera nada hasta el día que se publicitó el ganador, no me salen las cuentas. Qué cada cual saque sus propias conclusiones...

Por lo tanto desestimé ese atajo para la publicación de mi libro y busqué nuevas soluciones. La moral seguía alta y el optimismo reinante. Nadie podría hacerme desistir de mi empeño. Pero se cruzó alguien en mi camino que me hizo pensar si estaba tomando la dirección correcta. Tiempo después me embarqué en una aventura que me hizo conocer un poco más de cerca los entresijos de todo este mundo, saliendo no demasiado mal parado después de todo. Pero eso será en otra entrada, queridos compañeros de aventuras.

14 comentarios:

Martikka dijo...

Esto del premio publicado en menos de un mes escama bastante. Uno de los premios a los que me he presentado este año (sin plica) falló a finales de septiembre, y en dos meses ya estaba la novela en la calle. Rápido, rápido. En cambio, el premio que he ganado yo (con plica), suele salir publicado casi un año después... Ahora he vuelto a enviar esa otra novela a otro premio, y ésta vez tiene plica. A ver qué pasa.

Un saludo, y aqui me tienes esperando tu siguiente post. No literalmente, claro :)

Arwen Anne dijo...

pues esperando me quedo tu siguiente post, me tienes intrigada, y no te preocupes por eso de los concursos, yo he participado sin esperanzas, solo por hacer algo con el relato, pero vaya que me interesa otra cosa mas, aunque eso sí, si no gana, cosa muy lógica, yo no me voy a desanimar. No me desanimo tan fácilmente

Proyecto de Escritora dijo...

Cuantas cosas para comentar!!
Empezaré por decirte que el premio que nombras: rio mazanares, yo también lo vi y conseguí hacerme con la novela ganadora. (En parte para ver que clase de novelas son las que ganan), la verdad, no creo que hable mucho de Madrid, pero bueno. Aún no he comentado esta novela en el blog, pero en breve o haré.
No creo que todos los concursos estén amañados, sino solo algunos (conozco a gente que trabaja en eso, y saben que no es así). Lo que pasa es que son gente que tienen mucha experiencia y saben si es una persona novel o no por la forma de expresarse.
Creo que es muy difícil ganar un concurso, máxime si es importante, pero la gente que los gana es porque han paticipado muchas veces y van puliendo su estilo. Así que no desistas!
Ya tengo ganas de saber que te ocurrió después...Informanos cuanto antes, jaja!!

Un beso!

Armando Rodera dijo...

Efectivamente, Martikka, por eso decía que era un poco extraño. Lo más normal es lo de la plica y que tarde varios meses en salir el libro publicado. Pero bueno, ya se sabe que hay de todo.

Gracias por tu comentario. Intentaré no hacer demasiado larga la espera para la siguiente entrada del blog.

Saludos.

Armando Rodera dijo...

Bueno, Arwen, espero no dejarte demasiado intrigada. En breve os contaré lo que me pasó después. No me preocupo por lo de los concursos, aunque últimamente he mandado algún relato a premios menores. Simplemente intento narrar de la mejor manera los diversos avatares que he sufrido desde que decidí escribir una novela...

Armando Rodera dijo...

Espero, Proyecto de Escritora, que en mi post no haya dado la sensación de que pienso que los concursos estén todos amañados. Opino como tú, que hay cosas raras en determinados certámenes, algunos incluso escandalosos y que han salido en determinados medios, pero nada más.
Por supuesto que es dificilísimo ganar un premio importante, aunque creo que los medianos o de sitios menos conocidos si tienes alguna oportunidad. Naturalmente el tiempo, el seguir escribiendo, el aprendizaje y otras circunstancias te llevan a pulir detalles que te hacen escribir mejor. Pero bueno, creo que no es mi guerra, no me preocupo demasiado por ello. Como decía antes, era simplemente un relato de mis vivencias sobre el particular. En siguientes entradas seguiré contando algunas otras cosas interesantes que me sucedieron.
Gracias por tus palabras. Un saludo.

B. Miosi dijo...

Hola Armando, no he podido leer la entrada completa, paso más tarde. Dejé un mensaje en tu página Web, en "Contacto", no sé si lo leíste.
Me gustaría que dieras un paseo por ahí.

Besos,
Blanca

Armando Rodera dijo...

Perdona, Blanca, pero había tenido algunos problemas con el acceso a internet y no había leído tu comentario a través de la web. Muchas gracias por tus consejos, luego te contesto de manera más personalizada.
Y ya sabes que estoy encantado de que pases por aquí cuando gustes.
Un beso.

Lola Mariné dijo...

Armando, no sabes como te entiendo.
Precisamente le estaba dando vueltas a publicar una entrada relativa a esto de los concursos, aunque sólo sea para desahogarme...pero en esto siempre es bueno contar la experiencia personal, aunque sea para tener distintas perspectivas.
Yo me deprimo cada vez que la respuesta a mi participación en un concurso es el silencio, pero creo que no hay que perder el ánimo, algun dia puede sonar la flauta.
Es dificil saber lo que quieren, los entresijos en la selección, lo que hay de honesto o no en un certamen...pero es un camino y hay que insistir en todos.

Armando Rodera dijo...

Pues sí, Lola, siempre viene bien desahogarse. Cada uno tenemos una experiencia propia y esa es también la función de este blog, que pongamos en común nuestras vivencias y anécdotas sobre los temas que tratemos. De todo y de todos se puede aprender algo, ya sabéis.

Pero como bien dices no nos van a desanimar por esas pequeñeces. Nosotros seguimos, como hormiguitas, poco a poco. Y seguro que al final obtenemos nuestra recompensa. Lo tengo clarísimo, sólo hace falta que cualquier día toquemos la tecla adecuada.

Gracias por tu comentario. Un saludo.

B. Miosi dijo...

Quiero creer que los concursos son limpios, que se premia al mejor, que la selección de los jurados es tan buena como la selección de las obras finalistas, pero sé que no es así. Y lo he leído en muchos lados. Los premios grandes los ganan quienen pueden con las ventas de la novela premiada, hacer recuperar la inversión del premio a la editorial. Los concursos pequeños tal vez sean menos voraces. Pero de lo que sí estoy segura es de que un concurso no lo ganará una obra mala. Por eso al presentarse a un concurso no debe primar el apuro, sino debe darse importancia a la excelencia. Yo no he ganado ningún concurso. También es verdad que no me he presentado a muchos, uno de ellos
el Premio Alfaguara, pero ahora estoy convencida de que mi novela fue un fiasco, ¡me lo van a decir!, ja, ja, tal vez más adelante lo haga, pero sin mayores expectativas.

Tus experiencias en el mundo editorial son impresionantes, Armando, si así es cuando aún eres un novel, me pregunto cómo serán cuando seas un escritor consagrado!

Un abrazo,

Armando Rodera dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Blanca. Seguro que hay de todo, pero prima más lo que dices en cuanto a los premios grandes. En los pequeños puede haber alguna oportunidad, pero también es difícil.

Conozco a una compañera de foros literarios, que fue finalista del Planeta siendo novel. Sí, estuvo entre los diez primeros, fue invitada a la cena de gala y demás, pero luego no encontraba editorial. Ahora acaba de salir su libro, con una editorial pequeña, de su ciudad, pero parece que tampoco le ha ayudado mucho el llegar tan lejos. Nunca se sabe.

Creo que exageras, Blanca, cuando dices que mis experiencias son impresionantes, je, je. Me halagas, claro está, pero yo sólo cuento las pequeñas chinitas que me he ido encontrando por el camino hasta encontrarme en el punto actual. Si con ello os hago amena la lectura, pues mucho mejor. Y si así puedo ayudar a alguien, como yo he sido ayudado por todos vosotros, pues me sentiré doblemente satisfecho.

Ah, te he contestado de forma privada a tu consejo, espero que te haya llegado correctamente. Ya me dirás algo.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Armando, planteas en este post un tema interesante: los concursos literarios. Tal vez poco pueda ya añadir. Como ya han comentado los compañeros los hay de todo tipo, amañados y no. En mi opinión los premios de novela están en la mayoría de los casos "apalabrados", son muy pocos los certámenes limpios y transparentes, la novela es cosa seria y el negocio es el negocio, el ganador debe asegurar un volumen de ventas que haga rentable el premio y eso no lo puede hacer cualquiera, se requiere, al menos, un poco de nombre en el mercado editorial. Después están los concursos de cuentos o relatos. En estos las posibilidades de ganar se están poniendo muy complicadas, ya que cada vez participa más gente. Es habitual que en un certamen de un premio importante (hablo económicamente) se presenten 1.000, 2.000 y hasta 3.000 trabajos. ¿Cómo se determina en estos casos cuál es el mejor? Aquí ya entra por la puerta grande el factor suerte. Yo la he tenido en alguna ocasión pero son muchísimas más las que no consigo nada. Un amigo suele decir que llegan a finalistas los mejores y gana el que tiene más suerte y es verdad, en los finalistas hay calidad, decidir entre ellos cuál es el mejor suele ser muy subjetivo. Yo seré jurado de un certamen internacional de relato el próximo año, me lo ofrecieron y me pareció interesante, ya os contaré la experiencia.

Saludos.

Armando Rodera dijo...

Pues es más interesante todavía tu comentario, Maribel. Es posible que lo que dices sobre los premios grandes sea lo correcto, que ya están más o menos apalabrados con escritores de renombre, aunque imagino que habrá de todo.

También puede ser que en los certámenes de relatos o cuentos sea un poco más fácil sacar algo en claro, pero ya veo que también es muy difícil. Y cada vez somos más los que nos presentamos y debe ser muy complicado decidirse por un relato entre cientos o miles, como bien dices. Hace falta suerte y algo más. Pero bueno, ya nos contarás desde dentro como funciona todo esto.

Gracias por tu comentario. Saludos.