martes, 16 de diciembre de 2008

UN SUEÑO HECHO TRIZAS

Después de mis avatares con premios y concursos diversos decidí tomarme un descanso. Sabía que más tarde o más temprano se presentaría una oportunidad y sólo debía aprovecharla. Lo que no intuía es lo que me iba a ocurrir en unos meses. Y mucho menos cómo llegué a encontrarme en unos extraños vericuetos de los que pude salir afortunadamente.

Yo trabajaba en aquella época en una pequeña empresa con varias delegaciones en el territorio patrio. En nuestra oficina no éramos muchos compañeros, pero todos sabían de mi afición por las letras. Me preguntaban por la novela y yo les contaba mis avances. Un día de primavera llegó uno de mis compañeros comentándome que una amiga suya estaba montando una pequeña editorial. Naturalmente le dije que tenía que presentármela. Eso hizo de buena fe este chico, preparando una reunión informal. Y allí me presenté con toda mi ilusión.

La charla fue distendida, nos presentamos y charlamos sobre el particular. Me comentó que ella tenía su profesión y su negocio propio, pero que le encantaba la literatura y estaba comenzando en el difícil mundo de las letras. Había creado una pequeña editorial y trabajaba con pocos autores, ya que sus obligaciones principales no le dejaban demasiado tiempo. Naturalmente era en modo coedición, pero me gustó el enfoque dado al asunto y quedamos en hablar más tranquilamente. Así que le entregué una copia del manuscrito para que lo leyera, dejando bien claro que sin ningún compromiso por parte de nadie. Una vez leído me informaría sobre la obra y sus posibilidades de publicación. Y nos despedimos.

No demasiado tiempo después concretamos una reunión más formal en el despacho de su negocio para hablar sobre la obra una vez leída. Le había gustado mucho y estuvimos hablando largo tiempo de literatura, nuestros autores preferidos, libros y otras cosillas. Pasó a contarme su método de trabajo. Aunque no era edición al uso, no veía mal las condiciones. Un contrato con todas las cláusulas muy claritas y algunos apartados que nunca me habían ofrecido en otras editoriales de coedición con las que había tratado. Posibilidad de contacto directo con el distribuidor para no dejar de lado esa parte, publicidad real, presentación del libro en el Ateneo de Madrid y otras menudencias que me hicieron sonreír. Pedí unos días para reflexionar y seguir adelante o dejarlo sin problemas.

Finalmente me decidí y quedamos a comer en un restaurante cercano a mi trabajo. Allí firmé el contrato y brindamos por un proyecto común. Se editarían 500 libros de mi obra y se concretaron el resto de apartados normales en estos casos: número de pagos, correcciones diversas, galeradas, distribución, presentación y demás. La editorial sólo tenía derechos sobre esa cantidad de libros, no sobre futuras ediciones. Todo quedo claro y transparente. Así que nos pusimos en marcha.

Me puse muy nervioso sabiendo que en unos meses tendría que presentar mi libro en el Ateneo. Pensé que lo de la coedición no era tan malo y que vería mi libro en la calle. Y cómo los derechos seguían siendo míos, igual algún pez gordo llamaba a mi puerta. De ilusión también se vive, eso reza el dicho. Pero yo seguía a lo mío y no veía razones para dudar de ello. El tiempo me quitó la razón, aunque igual fue mejor que el final de la historia no fuera el esperado.

Se pactaron unas correcciones y las primeras me llegaron después del verano. No veía gran cambio en el documento enviado comparado con el original. Algún sinónimo, algún cambio de orden en frases y poco más. Me sorprendió un poco, la verdad. Debía mandarles mis comentarios sobre dichas correcciones, pero quise tratar personalmente lo que había visto sobre el papel. Me fue imposible. Recibí un correo diciéndome que mandaban la novela a maquetación, cuando ni siquiera yo había dicho nada sobre lo recibido. Naturalmente me negué hasta no poder hablar del tema y todo empezó a complicarse.

Estuve más de dos meses intentando hablar con la editora. Mails, llamadas de teléfono, mensajes a través del común conocido al que no quería involucrar e incluso me presentaba sin avisar en su despacho. Me fue imposible ni ver a esta persona ni hablar tan siquiera un segundo con ella. Me pareció rarísimo y estallé. No era normal este comportamiento cuando hasta entonces había sido fluido, cercano y cada poco tiempo. Todo se torció y ambas partes nos enfadamos, cada uno con sus razones y desde un punto de vista subjetivo en el que ambos veíamos las cosas de forma totalmente diferente. Afortunadamente pude rescindir el contrato firmado sin más problemas y se me devolvieron las cantidades entregadas hasta la fecha.

No sé si actué bien, ni antes ni después de toda esta historia. Mi ilusión se desvanecía y mi ánimo cayó por los suelos. Tardé un tiempo en reaccionar y ponerme las pilas. Y decidí que nunca más trataría con el dichoso tema de la coedición. Aunque tardara en publicar mi novela. Además, escribiría otras muchas obras y más tarde o más temprano saldrían a la luz. Mi momento no había llegado, pero ya empezaba a darle vueltas en mi cabeza a nuevos proyectos que llevar a cabo.

15 comentarios:

Martikka dijo...

Con esta entrada reafirmas las pocas bondades de la coedición. Ayer justamente entré en la web de REDMA (asociación de escritores en lengua española) y vi varias denuncias de una autora hacia una editorial de este tipo. Pérdidas de dinero, de tiempo y sobre todo, de ilusiones.
Vale la pena esperar. A lo sumo, ahora están las editoriales Bubok y Lulu, donde si quieres publicar algo, lo haces sin demasiadas pérdidas. Pero eso es para cosas puntuales. Tampoco es un medio idóneo, aunque Váquez Figueroa ahora publica toda su obra allí.

Un saludo!

Arwen Anne dijo...

HOmbre, yo de la coedición ni antes ni ahora he confiado mucho, la verdad. Vale la pena esperar aunque en algún momento tengas el impulso de mandarlo todo a china (por decirlo de alguna manera suave) pero la esperanza está ahí.

Por supuesto con las editoriales de bubooj y lulu ya hablaré vale? de eso lo haré si me permites en alguna entrada en mi blog para no hacer el comentario tan largo

Proyecto de Escritora dijo...

A mi también me confirmas todo lo que ya había oído antes sobre esta forma de editar.
Me aprecería bien pagar cierta cantidad si los claúsulas del contrato son las que después se van a cumplir, el problema viene de que no está nada claro que se cumplan.

Un saludo!

Armando Rodera dijo...

Tienes razón, Martikka. Por eso he contado todo lo que me pasó, los diferentes hechos en los que me vi involucrado hasta que decidí no meterme nunca más en esas historias.

Mucho mejor esperar o como mucho elegir la opción de bubok o lulú, que te da más libertad de actuación. Pero bueno, seguro que al final llegará nuestro día.

Saludos.

Armando Rodera dijo...

Pues si, Arwen, a veces dan ganas de mandarlo todo a freir espárragos, pero luego se pasa.

Ya te leeremos cuando hables de bubok o lulú, que tampoco conozco demasiado. Pero es verdad que esto de la coedición no trae normalmente buenos recuerdos.

Saludos.

Armando Rodera dijo...

Es cierto, Proyecto de Escritora, que tiene más cosas malas que buenas.

Si se cumplieran todas las premisas que te cuentan no estaría mal, aparte que el 100% de la recaudado es para el autor. Pero luego siempre surgen inconvenientes.

Por ejemplo, ayer mismo busqué información sobre esta editorial de la que hablaba y averigué cosas que no sabía pero tampoco me extrañan. Después de lo contado sólo hicieron la presentación de un libro ya terminado y nunca más han sacado un libro a la calle. Y de esto hace dos años. Así que igual no me equivoqué tanto al rescindir el contrato...

Un saludo.

Lola Mariné dijo...

Seguro que hiciste bien, Armando. En estas cosas hay que hacer caso a la intuición, y si algo te "rechinaba" mejor dejarlo a tiempo que arrepentirse después.
Habrá otras oportunidades, y tú tienes buen ánimo.

B. Miosi dijo...

No veo qué puedan ganar las editoriales que co-editan, si no venden los libros. ¿Se limitan a cobrar por la impresión? porque en algunos casos ni siquiera distribuyen, como no sea por Amazon o su propia página Web.

Lo que cuentas es muy extraño, ¿no? ella se veía al principio muy amigable, pero parece que después se desanimó, no de publicar tu novela, sino de seguir con la editorial.

Una amiga mía tuvo mucha suerte con una empresa de coedición, aunque ella siempre afirma que no pagó nada, porque la editorial corrió con los gastos, debido a que consideró su obra muy buena: El crimen de los dioses. La editorial: Entrelíneas. Aunque no me atrevo a recomendarla, pues hay muchos que se han quejado.

Creo que hoy por hoy, la mejor opción es Bubok, si no tienes acceso a una editorial regular.

Un abrazo,
Blanca

Armando Rodera dijo...

Efectivamente, Lola, yo también soy de intuiciones. Mi primera impresión fue buena, pero luego se empezaron a torcer las cosas. Y viendo el cariz que estaba tomando el asunto, mejor dejarlo y tan amigos.

No hay problema, habrá otras oportunidades, antes o después.

Un saludo.

Armando Rodera dijo...

Pues muchas de ellas se limitan a ganar dinero con la impresión y no hacen nada más. Y efectivamente, Blanca, algunas ni distribuyen.

A mí me habían dado la oportunidad de hablar directamente con la distribuidora, cosa que nunca hice. Y es verdad que el trato al principio fue muy correcto, casi de amigo, con llamadas y mails cada poco tiempo. Luego todo cambió y vi que no llegabamos a ninguna parte.

Conozco a la editorial que mencionas y sé cómo trabajan. Me extraña que no le hayan cobrado nada, aunque nunca se sabe. Es verdad que ha habido gente que no les ha ido mal con ellos, pero normalmente no es así. Uno de sus métodos de cobro era publicar una cantidad determinada de libros y si los vendías todos antes de una fecha determinada, no pagabas la supuesta edición, pero ellos se quedaban con gran parte de lo ganado. Y si no, pues pagabas la diferencia de los libros que faltaban por vender a X euros, no recuerdo exactamente. Quizás estaba ahí el truco...

Pero bueno, era sólo una entrada para comentaros mi experiencia al respecto. Si le sirve a alguien lo contado, pues mucho mejor.

Un saludo.

Arwen Anne dijo...

pasate por mi blog, tengo algo para ti

Armando Rodera dijo...

Muchísimas gracias, Arwen. ¿Qué agradable sorpresa! Te he contestado en tu blog.

Saludos.

Maribel dijo...

Pues menos mal que pudiste rescindir el contrato sin problemas y te devolvieron las cantidades entregadas, con la informalidad existente en el gremio ya puedes darte por satisfecho. Piensa que si las cosas terminaron de ese modo es porque para tu novela hay otro destino. Hay que cubrirse con un grueso caparazón para soportar desplantes, decepciones, engaños y no sé cuántas cosas más, pero tú, luchador como eres, ya verá como al final lo consigues.

Saludos.

tinta invisible dijo...

Hola Armando:
tu pagina me recuerda mucho a mi mismo. Yo y creo que casi todos los que andamos por estas lineas nos mueve un sentimiento parecido o comun, ver nuestra ilusion publicada. No hace mucho tiempo tambien he dicho que "no" a una obra de coedicion que me ofrecian. Me duele no tener la oportunidad de ver mi obra en una estanteria, pero creo que has obrado correctamente. La paciencia es una virtud y seguramente obtengamos recompensa... o al menos eso creo y espero.
suerte y animo
raul

Juan dijo...

Hola

Verás. Hay dos pequeños detalles en tu historia que, espero, te animen. Te tengo que advertir que empiezo a conocer bien cómo es la negociación entre empresas, aunque es un mundo en el que haya metido por necesidad, y nunca por vocación.

El primero es cuando dices: "una amiga suya estaba montando una pequeña editorial". Malo. Empresaria primeriza. Montar y mantener una empresa es algo muy difícil, y siempre he encontrado admirable la gente que es capaz de mantener durante años un negocio funcionando. Hay cierto tipo de empresas donde ser primerizo no es necesariamente malo, pero, precisamente, una editorial no es uno de esos tipos. A mí me parece que esta coeditora nunca actuó de mala fé (no te habría devuelto el dinero si no), sino que se vio desbordada por los problemas de llevar adelante una empresa. Pasar de un trato muy personal a casi ni atenderte pudo deberse a simple saturación, y no querer alargar la fase de corrección a necesitar desesperadamente sacar libros al mercado. No lo sé, son teorías al respecto, pero en cualquier negocio (y coeditar lo es) hay que elegir muy bien a tus socios, porque las buenas intenciones, por desgracia, muchas veces no valen en un ambiente donde tener una empresa implica que todo el mundo gana dinero (el Estado sobre todo) menos el empresario. Ya te digo, hay otros sectores en que sí, pero un negocio que requiere una inversión previa y luego matarte para vender lo producido...

Segundo. Usa la lógica. Que un editor te pida dinero por editar una novela que considera maravillosa que se va a vender como churros te debería hacer sospechar de que te la está jugando (o que es tan primerizo que se deja llevar por el entusiasmo del novato). Soy desarrollador de aplicaciones. Hace años me propusieron un gran negocio. Yo tenía que realizar gratis un portal de comercio online a cambio de ser socio del proyecto. Era un éxito seguro. ¿Qué me dijo la lógica? Si era un negocio tan fabuloso, ¿por qué no me pagas lo que vale mi trabajo y lo explotas tú solo? Te iba a salir más barato, digo yo...

Hay algo vital a considerar en las empresas de coedición: te piden dinero porque temen no poder cubrir ni los costes de edición. Si estuvieran seguros del exitazo de tu novela (cosa imposible a priori) te ofrecerían un contrato de edición puro, porque van a ganar mucho más dinero. Eso distingue a un editor de un coeditor: el primero arriesga.

Ahora bien, a ti te puede interesar la coedición, siempre y cuando tus objetivos no sean exclusivamente económicos. Puedes aprender mucho del trato con un coeditor decente con un coste económico técnicamente inferior al de una autoedición. Puedes conseguir darte a conocer. Normalmente, el problema de muchos negocios y servicios es la falta de sinceridad en las espectativas. A mí un coeditor me dice que, probablemente, me cueste dinero editar con él, que sólo el 30% de sus libros venden lo suficiente para sufragar los costos, pero que vas a conocer a mucha gente y darte a conocer... me dicen eso y firmo ya, porque sabe de lo que habla. Pero tienes que tener ya "tablas" en negociar entre empresas... y haber recopilado referencias de ese coeditor concreto. Casi ningún escritor primerizo comprende estas cosas :-(.

Sobre Bubok y Lulu y similares. En realidad, no son editores (al menos Lulu) sino impresores. Sólo que cuentan con una ventaja impresionante, excelente para cierto tipo de sectores: eliminación de los costes de entrada en el mercado editorial. En Lulu puedes publicar pagando, apenas 10 o 20 euros (para poner a la venta un libro en papel, te piden que compres uno para darle el visto bueno). ¿Para quién son buenos? A mí me habría gustado impartir cursos con un libro de texto escrito por mí. Si quiero que ese libro tenga acabado profesional, tengo que ir a una imprenta a sacar 500 ejemplares a 3 euros... para mis 30 alumnos. En Lulu, me saldrán a seis, pero como puedo pedir exactamente 30... (o 13, o 24)...

Un saludo.

Juan.