lunes, 22 de diciembre de 2008

TODOS SOMOS DIFERENTES

El viernes pasado asistí a un acto entrañable en el Ateneo de Madrid. Sí, el mismo Ateneo donde debía haberse presentado mi libro si la aventura que ya os comenté hubiera llegado a buen puerto. Un lugar regio, de esos de rancio abolengo que nos llaman tanto la atención. Un salón de actos que impresiona y cautiva a partes iguales. Creo que de todas formas no sería mal sitio para presentar una obra.

Hace unos meses participé en el concurso internacional de fotografía, cuento y relato hiperbreve convocado por la Fundación de Derechos Civiles. Es ya la edición número XIII del certamen que lleva por nombre "Todos somos diferentes". En él se aúnan muchas de las bellas cualidades que la fundación Civilia engloba al desempeñar su arduo trabajo. Me pareció una bonita experiencia y quise participar con un pequeño cuento.


Unos días antes recibí un correo electrónico de la organización. Como participante en el certamen me invitaban al evento y naturalmente quise acudir al mismo. Al comenzar el acto nos facilitaron el libro que habían impreso para la ocasión. El título, sugerente. "El color humano son todos los colores". El contenido, atrayente. Aparte de los cuentos y relatos hiperbreves premiados, aparecían algunos otros de los remitidos por los participantes y una colección maravillosa de fotografías dignas de la mejor sala de exposiciones del mundo. En este enlace podéis disfrutar de las premiadas en anteriores ediciones.

Un grupo de actores leyó algunos de los relatos premiados, dándole más emotividad si aún cabe al acto. Y cada poco tiempo se apagaban las luces y nos proyectaban algunas de las fotografías seleccionadas este año. Sobrecogedoras, inocentes, evocadoras todas ellas. Con unos colores tan vivos que se salían de la pantalla. Se nos erizaba el vello al escuchar al ganador en la categoría de fotografía, mostrándonos con sus palabras el barrio de Calcuta donde había conseguido las instantáneas. Desde aquí le doy la enhorabuena por ese trabajo, pero más por el que realizan los miembros de la pequeña ONG con la que colabora allí para no dejar caer a los niños en la droga y la prostitución.

El ganador del primer premio de relato no pudo asistir al evento ya que le resultaba difícil salir de su país, Argentina, por la situación económica. Se leyeron unas palabras enviadas por el autor y después de un pequeño discurso a cargo del presidente de la Fundación, se dio por finalizado el acto. Mi más sincera enhorabuena a la Asamblea Juvenil de la Fundación de Derechos Civiles por estas iniciativas tan necesarias.

Fue una experiencia nueva para mí y una forma muy amena de pasar la tarde. Desde luego que volveré a participar en próximas ediciones, sin con ello puedo contribuir con mi granito de arena a que la labor de esta gente tenga su justa recompensa.

Quiero aprovechar esta entrada para desearos a todos unas felices fiestas. Ha sido un verdadero placer compartir con todos vosotros estas últimas semanas y espero poder seguir haciéndolo en el futuro. Gracias por estar ahí, por leerme, por vuestros comentarios y por tantos bellos momentos pasados.

Así que disfrutemos de estos días tan entrañables, que nos lo hemos ganado. Y sigamos en la senda, que cada día estamos más cerca, no tengáis ninguna duda.

¡¡FELIZ NAVIDAD!! Y que todos vuestros sueños se cumplan con creces.

martes, 16 de diciembre de 2008

UN SUEÑO HECHO TRIZAS

Después de mis avatares con premios y concursos diversos decidí tomarme un descanso. Sabía que más tarde o más temprano se presentaría una oportunidad y sólo debía aprovecharla. Lo que no intuía es lo que me iba a ocurrir en unos meses. Y mucho menos cómo llegué a encontrarme en unos extraños vericuetos de los que pude salir afortunadamente.

Yo trabajaba en aquella época en una pequeña empresa con varias delegaciones en el territorio patrio. En nuestra oficina no éramos muchos compañeros, pero todos sabían de mi afición por las letras. Me preguntaban por la novela y yo les contaba mis avances. Un día de primavera llegó uno de mis compañeros comentándome que una amiga suya estaba montando una pequeña editorial. Naturalmente le dije que tenía que presentármela. Eso hizo de buena fe este chico, preparando una reunión informal. Y allí me presenté con toda mi ilusión.

La charla fue distendida, nos presentamos y charlamos sobre el particular. Me comentó que ella tenía su profesión y su negocio propio, pero que le encantaba la literatura y estaba comenzando en el difícil mundo de las letras. Había creado una pequeña editorial y trabajaba con pocos autores, ya que sus obligaciones principales no le dejaban demasiado tiempo. Naturalmente era en modo coedición, pero me gustó el enfoque dado al asunto y quedamos en hablar más tranquilamente. Así que le entregué una copia del manuscrito para que lo leyera, dejando bien claro que sin ningún compromiso por parte de nadie. Una vez leído me informaría sobre la obra y sus posibilidades de publicación. Y nos despedimos.

No demasiado tiempo después concretamos una reunión más formal en el despacho de su negocio para hablar sobre la obra una vez leída. Le había gustado mucho y estuvimos hablando largo tiempo de literatura, nuestros autores preferidos, libros y otras cosillas. Pasó a contarme su método de trabajo. Aunque no era edición al uso, no veía mal las condiciones. Un contrato con todas las cláusulas muy claritas y algunos apartados que nunca me habían ofrecido en otras editoriales de coedición con las que había tratado. Posibilidad de contacto directo con el distribuidor para no dejar de lado esa parte, publicidad real, presentación del libro en el Ateneo de Madrid y otras menudencias que me hicieron sonreír. Pedí unos días para reflexionar y seguir adelante o dejarlo sin problemas.

Finalmente me decidí y quedamos a comer en un restaurante cercano a mi trabajo. Allí firmé el contrato y brindamos por un proyecto común. Se editarían 500 libros de mi obra y se concretaron el resto de apartados normales en estos casos: número de pagos, correcciones diversas, galeradas, distribución, presentación y demás. La editorial sólo tenía derechos sobre esa cantidad de libros, no sobre futuras ediciones. Todo quedo claro y transparente. Así que nos pusimos en marcha.

Me puse muy nervioso sabiendo que en unos meses tendría que presentar mi libro en el Ateneo. Pensé que lo de la coedición no era tan malo y que vería mi libro en la calle. Y cómo los derechos seguían siendo míos, igual algún pez gordo llamaba a mi puerta. De ilusión también se vive, eso reza el dicho. Pero yo seguía a lo mío y no veía razones para dudar de ello. El tiempo me quitó la razón, aunque igual fue mejor que el final de la historia no fuera el esperado.

Se pactaron unas correcciones y las primeras me llegaron después del verano. No veía gran cambio en el documento enviado comparado con el original. Algún sinónimo, algún cambio de orden en frases y poco más. Me sorprendió un poco, la verdad. Debía mandarles mis comentarios sobre dichas correcciones, pero quise tratar personalmente lo que había visto sobre el papel. Me fue imposible. Recibí un correo diciéndome que mandaban la novela a maquetación, cuando ni siquiera yo había dicho nada sobre lo recibido. Naturalmente me negué hasta no poder hablar del tema y todo empezó a complicarse.

Estuve más de dos meses intentando hablar con la editora. Mails, llamadas de teléfono, mensajes a través del común conocido al que no quería involucrar e incluso me presentaba sin avisar en su despacho. Me fue imposible ni ver a esta persona ni hablar tan siquiera un segundo con ella. Me pareció rarísimo y estallé. No era normal este comportamiento cuando hasta entonces había sido fluido, cercano y cada poco tiempo. Todo se torció y ambas partes nos enfadamos, cada uno con sus razones y desde un punto de vista subjetivo en el que ambos veíamos las cosas de forma totalmente diferente. Afortunadamente pude rescindir el contrato firmado sin más problemas y se me devolvieron las cantidades entregadas hasta la fecha.

No sé si actué bien, ni antes ni después de toda esta historia. Mi ilusión se desvanecía y mi ánimo cayó por los suelos. Tardé un tiempo en reaccionar y ponerme las pilas. Y decidí que nunca más trataría con el dichoso tema de la coedición. Aunque tardara en publicar mi novela. Además, escribiría otras muchas obras y más tarde o más temprano saldrían a la luz. Mi momento no había llegado, pero ya empezaba a darle vueltas en mi cabeza a nuevos proyectos que llevar a cabo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

NIEBLA EN EL BOSQUE

Después de informarme un poco mejor sobre las bondades de la coedición, y mientras seguía enviando mi novela a determinadas editoriales, alguien muy cercano a mí me vino con un soplo. Igual era una señal, no podía dejarlo pasar. Me hablo sobre un premio literario, no demasiado conocido y que además contaba con un requisito fundamental. Aparte de ser una obra inédita, la trama debía tener lugar en Madrid, ya que lo patrocinaba una empresa relacionada con el Ayuntamiento de la capital.

¿Qué mejor novela que la mía para merecerse ese premio?, pensé yo. Una trama aventurera, ágil y divertida, que nos llevaba por los recovecos del Madrid de los Austrias, una de las zonas más queridas y visitadas de la ciudad. Así que fui a informarme sin demora. El premio se llamaba "Río Manzanares de Novela" y como el insigne aprendiz de río, allí estaría mi pequeña obra intentando abrirse camino entre las fauces de la civilización que nos rodea, luchando contra los molinos de viento que nos salieran al paso.

Aparte de la publicación del libro, el ganador tendría una recompensa económica bastante importante en forma de adelanto de derechos de autor, pero que suponía un buen pellizco. Yo sólo pensaba en la publicación, en el prestigio que conlleva dicho premio, pero a nadie le amarga un dulce. Así que me pertreché con las copias que demandaban las bases. Acudí raudo y veloz a la sede de la Empresa Municipal de la Vivienda, que era donde había que entregarlo. Rellené una solicitud y salí de allí todo contento. Sabía que era muy difícil, pero nunca se sabe.

Pensaréis que la ilusión del novato era demasiada, que el árbol de sus deseos no le dejaba ver el bosque que se encontraba más allá, impidiéndole pensar con claridad. Ni siquiera caí en la cuenta de que lo normal en los premios literarios era todo el asunto de plica y seudónimo. Lo que me quedaba todavía por aprender. No puedo decir nada raro sobre el fallo del concurso, ya que no tengo ninguna idea preconcebida al respecto, pero todo quedó en agua de borrajas para mí. Aunque el velo de mis ojos había empezado a desaparecer. Y la espesa niebla remitía poco a poco.

Por supuesto, aquello no me hizo desesperar. Mientras seguía buscando soluciones, llegó a mi conocimiento noticias sobre el premio Gran Angular de novela, tanto infantil como juvenil. Yo había disfrutado sobremanera de pequeño con los libros del Barco de Vapor, así que pensé que sería una buena idea participar. Mi novela está destinada a un público adulto, pero puede interesar a una horquilla razonablemente extensa de edades, por lo que consideré que podría ser presentada al concurso juvenil. Y de nuevo me tiré a la piscina, sin flotador ni nada. El resultado fue el mismo.

Ya no volví a presentarme a ningún premio literario con mi obra. Mientras, había leído de todo sobre el particular. Qué si los certámenes están ya adjudicados de antemano, que si hay apaños en las votaciones con escándalos incluidos en determinados premios importantes, etc. Me recomendaron probar con los premios más pequeños, de Ayuntamientos o concejos, para ir haciendo curriculum. Pero si querías cumplir las bases a rajatabla, te obligaban a no mandar la obra a ningún otro sitio, a dejarla guardadita por si acaso y siempre tenían la opción de quedarse con los derechos de tu obra aunque no resultara galardonada. Demasiadas cortapisas.

Así que abandoné la idea de presentarme a ningún otro premio con mi obra. Tendría que sacarla al mercado por otros medios. No ha sido hasta este año, una vez terminada mi segunda novela, ésta vez de género negro, que decidí intentarlo de nuevo. Vale, la obra estaba casi virgen, sin pulir demasiado, pero se me acababa el plazo y los concursos de novela negra tampoco son tan habituales. Craso error. El fallo de la misma tuvo lugar en verano de este año y el ganador fue un autor muy conocido entre los habituales de la novela policíaca, cuyas obras me han proporcionado muy buenos momentos mientras compartía pesquisas con él. Lo raro de todo esto es que el libro estaba en la calle en menos de un mes desde el fallo. Sabiendo todos lo que cuesta sacar un libro a la luz y suponiendo que nadie supiera nada hasta el día que se publicitó el ganador, no me salen las cuentas. Qué cada cual saque sus propias conclusiones...

Por lo tanto desestimé ese atajo para la publicación de mi libro y busqué nuevas soluciones. La moral seguía alta y el optimismo reinante. Nadie podría hacerme desistir de mi empeño. Pero se cruzó alguien en mi camino que me hizo pensar si estaba tomando la dirección correcta. Tiempo después me embarqué en una aventura que me hizo conocer un poco más de cerca los entresijos de todo este mundo, saliendo no demasiado mal parado después de todo. Pero eso será en otra entrada, queridos compañeros de aventuras.

jueves, 4 de diciembre de 2008

LAS SIRENAS DE ULISES

Tendré que retomar el hilo conductor de este blog, la narración principal que me llevó a crear esta página. Así que como lo prometido es deuda seguiré con las desventuras de este escritor en ciernes, desvelando poco a poco el duro camino seguido hasta encontrarme frente a vosotros. Os aseguro que no os aburriréis, tengo muchas cosas que contar.

Después de algunos reveses con editoriales de las llamadas grandes, pensé que debía diversificar mis esfuerzos. Tendría que seguir intentándolo con las editoriales, pero también podría mirar el tema de los concursos literarios. Para mí todo era nuevo, yo era un alma libre, sin mácula. Y no tenía ni idea de dónde me metía. Pero tiempo al tiempo.

Os contaré antes de nada mis primeras impresiones con el famoso tema de las editoriales de coedición o autoedición. Yo por aquella época no sabía ni que existían. Ni siquiera me metí en internet para buscar más a fondo información sobre esta gente, con la de datos que encontré tiempo después. Pero no adelantaré acontecimientos y os lo contaré tal y como lo viví. Como un niño de comunión ante su primer regalo importante, con la ilusión intacta y los bolsillos llenos de sueños por cumplir. Esos que nunca nadie podría arrebatarme.

No sé donde encontré información sobre algunas editoriales que trabajaban con escritores noveles, jóvenes sin experiencia literaria a los que daban una oportunidad que en otros lados se les negaba. No veía nada malo en probar, sin saber donde me metía y sin haber oído la palabra coedición en mi vida. Así que ni corto ni perezoso pedí información a un par o tres de estas editoriales, no sé si por teléfono o por mail. Y naturalmente me contestaron todos, además muy amablemente. Que me pasara por sus oficinas a charlar tranquilamente o les remitiera sin dilación mi maravilloso manuscrito. Así que hice un poco de todo.

Después de concretar por teléfono con el editor de una de estas empresas, me presenté en su "oficina", situada en el centro de Madrid. No daré nombres para no darles más publicidad, pero seguro que os suenan. Cuando llegué allí casi se me cae el mundo a los pies. Yo que llegaba con mi manuscrito bajo el brazo (ojo el dineral que te gastas en fotocopias y encuadernaciones, ¿a qué si?), todo contento a la par que nervioso, sufrí una ligera decepción. Pasé a un cuartucho de no más de dos metros por dos, donde este señor con cara de bonachón me esperaba dispuesto a convencerme. En su mesa rodeada por infinitas torres de sus libros, casi sin sitio para sentarme a su vera, tuvo lugar esta conversación, la primera de mi corta vida literaria.

Me habló del famoso decálogo de buenas costumbres, de lo que tiene que hacer un escritor novel para que no le engañen. Incluso hablamos de lo bien que le iba a un chico que conocía de vista, ya que yo viví durante muchos años en Aranjuez y este chaval era vecino del pueblo. Salió a relucir su método de trabajo. Ellos cobran una "pequeña" parte por publicarte una determinada cantidad de libros, pero en ese precio están incluidos la distribución, presentación en dos ciudades diferentes si lo deseas, publicidad, etc. Y claro, nada de sólo llevarte el 10% de las ventas como con las editoriales grandes, aquí iba a ganar un pastón según este señor. No le creí demasiado en esta ocasión, pero seguí escuchando. Otras cosas me parecían más razonables, pero no sabía que en realidad esas palabras se las suele llevar el viento. Aunque de todos modos le dejé una copia de mi manuscrito.

Fui a otra de estas editoriales y más de lo mismo. Ésta también se encontraba en el centro de Madrid, con nombre muy oceánico, y la oficina daba menos grima. Un local más agradable, con luz natural, aunque con la misma pinta de empresa que puede desaparecer ante el menor contratiempo. Y con cientos y cientos de libros de sus autores desperdigados por diversas estanterías. No veía yo que funcionara demasiado bien la distribución. Pero seguía con mi ceguera, quería darles una oportunidad. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Con otras hablé por teléfono o por correo y tuve la misma sensación. Lo bueno fue cuando me llegó la primera respuesta sobre la lectura de mi obra, casualmente del señor al que visité en primer lugar. En una hoja impresa hablaba sobre lo mejor y lo peor de mi obra, dándome ideas para mejorarla. Pero me di cuenta que sólo hablaba de la primera parte de la novela. Luego, para darle un toque más teatral, escribían de forma manuscrita una sucinta valoración sobre el texto, alabándolo y asegurando que les encantaría publicarlo. No voy a mentir y tengo que confesar medio avergonzado que se me saltaron las lágrimas de emoción. Yo no veía nada más, sólo que les había encantado mi obra y querían publicarla a toda costa. Era mi primera crítica, aparte de amigos y familiares y ya veía el camino abierto. Si es que no sé puede ir de pardillo.

Lo malo fue cuando leí la hoja anexa con el presupuesto. No recuerdo exactamente, pero eran parecidos en todas estas empresas. Te publicaban entre 200 y 700 libros, con precios que rondaban entre los 2000 y los 5000 euros. Mi economía no estaba para dispendios y decidí que no me metería en camisas de once varas, por muy bien que me lo pintaran. Pero la última palabra no estaba dicha.

Como curiosidad os comentaré que tengo allegados que han trabajados en empresas de artes gráficas y han visto en sus talleres como hacían algunos de los libros de dichas editoriales. Cajas y cajas de libros que nadie recogía y que se apilaban sin orden ni concierto. Una presentación no demasiado buena, un acabado francamente mejorable y encima nadie se preocupaba de dichos libros. Ni siquiera sé si las editoriales estaban al corriente de pago con estas empresas que les preparaban los pedidos, lo que si sé es que la distribución que hacían de esos libros brillaba por su ausencia. Añadiré para más inri que varios de esos ejemplares se los daban a sus trabajadores como regalo, por si se los querían llevar, dándoles un valor ínfimo. Alguno hasta ha llegado a mis manos gratis, no tengo que decir nada más.

Así que no me dejé engañar por los cantos de las sirenas, ya que no quería caer en la tentación que arrastró a Ulises y sus hombres en la famosa epopeya. Pero el destino, siempre tan juguetón, me tenía preparado a la vuelta de la esquina un inesperado giro de los acontecimientos en toda esta historia. Me metería de lleno en la posible publicación de mi obra por parte de una empresa parecida, saliendo bastante escaldado. Ya os lo contaré más detenidamente, pero al final se medio solucionaron las cosas. Eso si, mi libro tendría que esperar para ver la luz...