lunes, 5 de abril de 2010

PASEANDO POR LAVAPIÉS

De vuelta en Madrid, una vez acabados los provechosos días de vacaciones, queda retomarle el pulso a mi nueva situación y afrontar con buenas perspectivas el futuro que se presenta ante mis ojos. Varios proyectos personales y profesionales se tienden la mano en mi mente, pugnando por salir a la superficie, y es momento de priorizar para afrontar con garantías esta nueva etapa.

En breve publicaré la reseña sobre el último libro publicado por uno de los más exitosos integrantes de nuestra querida Generación del XXI. ¿A quién me refiero? Sólo tendréis que esperar un poco más. Y además, a finales de semana tengo previsto acudir a la presentación del Premio Primavera en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, evento del que seréis cumplidamente informados con una pequeña crónica en este blog.

Pero hoy, mientras buscaba un documento específico en el disco duro de mi ordenador, me he topado con algunos archivos antiguos y no me he resistido a releerlos. Son algunos relatos y microrrelatos que perpetré hace tiempo, cuando era aún más bisoño que ahora y los remitía a diversos concursos. No me lo tengáis en cuenta, era joven e inexperto. Pero de todo se aprende en esta vida y en un día como hoy, un lunes cualquiera del resto de mi vida, es posible que esta experiencia catártica me sirva como punto de inflexión. Y como quiero compartirlo con todos vosotros, os dejo con un pequeño relato titulado "Paseando por Lavapiés".

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PASEANDO POR LAVAPIÉS

Salió del supermercado con prisas. Se había quedado un rato charlando en la puerta con Paqui, su vecina de toda la vida, y se le había hecho un poco tarde. La señora Manuela iba con el carro cargado de comida para el mes y se ajustó el bolso al brazo izquierdo antes de enfrentarse a la dura cuesta que le separaba de su casa.

El barrio había cambiado mucho en los últimos años; Lavapiés se convirtió en un barrio donde todas las razas y credos tenían cabida. A Manuela no le hacía demasiada gracia, pero no tenía dónde ir. Sólo contaba con una mísera pensión y su pisito de toda la vida, situado en una corrala de las que afortunadamente estaba rehabilitando el Ayuntamiento. Pero no le gustaban sus vecinos.

Manuela apretó el paso al llegar a la zona sin farolas. Bueno, sí había farolas, pero no funcionaban, pensó la buena mujer. Habían robado el cobre que las alimentaba, malditos ladrones. Eran sólo unos metros, pero Manuela lo pasaba fatal en esa acera tan oscura, temerosa de cualquier sombra. Aunque esta vez no fue la sombra, sino una voz clara y rotunda la que le asustó.

— ¡Señora! Espere, no se vaya —le gritó un enorme negro de rostro amenazador.

Manuela aceleró más aún, tirando del carro con todas sus fuerzas, mientras el joven africano se le acercaba a marchas forzadas, instándole a parar. El corazón se le desbocó, agarró el bolso con más fuerza y rezó todo lo que recordaba. Escuchó a pocos pasos el resollar de su perseguidor, a punto de darle alcance. Se dio la vuelta y el miedo la paralizó. Sólo podía distinguir sus ojos y unos dientes blanquísimos. Manuela tiró el carro al suelo y corrió con sus escasas fuerzas, sabiendo que estaba a cincuenta metros de su casa. No le dio tiempo a llegar.

—Señora, disculpe, se le ha caído esto—le dijo el africano entregándole un monedero—. He visto que se le abría el bolso y el monedero fue al suelo. Por eso la llamaba.

Manuela comprobó su bolso y era cierto. La vergüenza recorrió su rostro y sólo pudo musitar un inaudible “Gracias”, mientras recogía el carro y volvía a casa.

13 comentarios:

LavapiesHoy dijo...

Hola!
La verdad es que acabo de descubrir tu blog y me ha encantado este relato sobre Lavapiés. Si quieres darte un poco más a conocer te invito a que lo publiques en http://www.lavapieshoy.es como tú, el autor, por supuesto y puedes poner el enlace a tu blog, así tendrás más visibilidad. Tenemos muchas visitas de artistas y periodistas. Esta web es sin ánimo de lucro, con ella, solo intento dar a conocer cosas sobre Lavapiés, la cultura, sus artistas... seguro que tu relato le gusta mucho a los lectores.
Espero que te animes a publicarlo.
También si vives por Madrid actualmente podemos quedar un día y te hago una entrevista en vídeo ;-)

Puedes escribirme a: redaccion@lavapieshoy.es
Espero ver tu historia en esta web jeje
un saludo
Mari Trini

Jesús F. dijo...

Hola compañero,
¡y la ilusión que hace encontrarte un texto escrito años atrás y leerlo, recordando cómo eras en aquella época y (por suerte) lo mucho que has mejorado desde entonces! Para mí tiene algo mágico esa situación. Y sí, je, je, muchos tenemos ese oscuro pasado de relatos enviados a certámenes.
Tu paseo por Lavapiés me ha hecho recordar mis incursiones por tan castiza zona los fines de semana y me ha despertado esa añoranza del que vive lejos, pero aun así gracias por compartir ese trocito de tu pasado con nosotros.
Un abrazo.

Armando Rodera dijo...

Encantado de saludarte, LavapiesHoy. La verdad es que ha sido una agradable sorpresa tu comentario y me pasaré sin duda por vuestra web para verla con más calma. Os escribo y ya comentamos con más calma.

Me alegra que te haya gustado el pequeño relato. Gracias por pasarte. Un saludo.

Armando Rodera dijo...

Llevas toda la razón, Jesús. Rebuscando en el fondo del disco duro encontré verdaderas reliquias, je, je. Con decirte que hallé hasta un monólogo humorístico enviado al concurso de "El club de la comedia", no te digo más, ja, ja. No sé si me atreveré algún día a compartirlo con vosotros...

De todas maneras es cierto que hemos evolucionado como escritores, eso es indudable. Nunca es que me haya llevado muy bien con el relato, pero bueno, me apetecía compartirlo con vosotros.

Y si por lo menos te he recordado nuestro querido Madrid pues me doy por satisfecho. Entiendo tu morriña, aunque por Barcelona tampoco se tiene que estar mal...

Un abrazo.

Cita dijo...

Me alegra verte con planes y con esas espectativas... pa´lante claro que si! al final te voy a pedir yo a ti que me des el empujoncito!

Besos

Cita

Lola Mariné dijo...

Pues no sé cuanto tiempo hará que escribiste ese relato, pero ya prometías.
Un abrazo.

Armando Rodera dijo...

Eso es lo importante, Cita, mirar para delante con ilusión y ganas de hacer cosas. Si no creemos en nosotros mismos, mal lo llevamos...

Así que anímate tú también, que ya sabes que de todo se sale en esta vida.

Gracias por pasarte. Besos.

Armando Rodera dijo...

Es de hace tiempo, querida Lola, de antes de embarcarme en esta maravillosa aventura virtual donde os he conocido a todos vosotros. Así que me alegra que ya vieras posibilidades, je, je.

Gracias por tu comentario. Un abrazo.

Rafael Ayerbe dijo...

Buenas Armando! He visto tu comentario en mi blog. Una sorpresa después del tiempo que llevo desconectado. La facultad (y encima en el penúltimo año) me consume.
Aunque sin comentar si te digo que sigo desde la sombra tu blog y algunos de otros amigos de la blogosfera.
Espero que más temprano que tarde nos des buenas noticias con alguna de tus novelas.

Un abrazo

Armando Rodera dijo...

Encantado de tenerte de nuevo por aquí, Rafael!! Aunque lo primero es lo primero. A hincar los codos en la facultad, que es lo más importante.

Ojalá tengas razón y pueda daros más pronto que tarde alguna buena noticia.

Gracias por pasarte. Un abrazo.

MiánRos dijo...

Qué sinpático el relato que te montantaste (quién no ha vivido o visto cosa semenjante). La pobre mujer casi se nos muere de un susto.
Ay, los callejones que escapan a la luz... a veces hay que rodearlos y buscar otra alternativa, si la hay.

Un saludote, amigo.
Mián Ros

MiánRos dijo...

Ay, las prisas, cuántas erratas he puesto del tirón, sorry,

Qué simpático el relato que te montaste (quién no ha vivido o visto cosa semejante). La pobre mujer casi se nos muere de un susto.
Ay, los callejones que escapan a la luz... a veces hay que rodearlos y buscar otra alternativa, si la hay.

Ahora sí.

Un saludote, amigo.
Mián Ros

Armando Rodera dijo...

No te preocupes por las erratas, MiánRos. A todos nos pasa al escribir deprisa y corriendo, je, je.

Gracias por tu comentario. Un saludo.