domingo, 13 de junio de 2010

FIN DE FIESTA EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2010

En esta primavera loca, donde hemos pasado de sofocantes temperaturas a una última semana de Feria con más lluvia que claros y un frescor renovado, nos adentramos en el último fin de semana de una edición en la que no se espera batir los records de ventas y visitantes del año pasado.

Y como no todo es andorrear por el Paseo de Coches del Retiro, nos dirigimos el viernes por la tarde a un evento que podríamos encuadrar entre las actividades de la edición actual de la Feria. Se trataba de la presentación de la última novela del escritor murciano Jerónimo Tristante, titulada "El enigma de la calle Calabria", continuación de las andanzas de Víctor Ros, en este caso en la Barcelona del siglo XIX, y editada de nuevo por Maeva.

El acto tuvo lugar en un emplazamiento escogido con exquisito gusto: el auditorio del Museo del Romanticismo de Madrid. Una joya arquitectónica enclavada en el castizo barrio de Malasaña, edificio que ha sido restaurado convenientemente y abierto de nuevo al público hace escasas fechas. Un lugar digno de albergar la presentación de un libro sobre un policía decimonónico.


La presentación corrió a cargo del escritor Pedro de Paz, que con su habitual desenvoltura dio pie al protagonista de la tarde: su colega y amigo Jerónimo Tristante. El autor alabó el gusto por el recinto que albergaba el acto y pasó a continuación a hablar sobre su última obra. Una novela en la que abandona ligeramente el canon holmesiano con el que se articulaban las andanzas detectivescas en las dos anteriores novelas de Víctor Ros, para dar lugar a una trama ligeramente más negra, una historia con matices más macabros en las turbulentas calles de la Barcelona premodernista.

El escritor nos narró las vicisitudes a la hora de elaborar esta nueva historia. Desde el ingente trabajo de investigación, utilizando hemerotecas o el Archivo Municipal de la ciudad, a diversas anécdotas que nos contó a la hora de construir las tramas, pasando por el arduo proceso hasta encontrar el título adecuado para la obra. Una época en la que se narran los hechos que a Tristante le llamó poderosamente la atención, siendo una verdadera desconocida para el gran público aún encontrándose relativamente cerca en el tiempo. Una época de contrastes en Barcelona, desde el extrarradio donde se arremolinaban las masas de inmigrantes llegados de otras provincias hasta los palacetes de esa burguesía catalana tan hacendosa y europea, en los albores del modernismo y de las ideas independentistas.

Los minutos escuchando a Jerónimo Tristante volaban sin darnos cuenta, disfrutando con la amena charla con la que distinguió al respetable. Los años de docencia en Secundaria le han ayudado con esa elocuencia con la que nos convence sin dudarlo, sorprendiéndonos con la clarividencia con la que ve la evolución en la historia de sus personajes, hablando con pasión de unos protagonistas de los que está muy orgulloso y que le siguen dando grandes satisfacciones. Incluso nos avanzó, como primicia para sus lectores, algunos esbozos de la que sería la cuarta entrega de esta saga. Una obra donde quizás un Víctor Ros más descreído abandona la policía para dedicarse a la investigación privada, llevándole sus pesquisas a visitar el norte de España o quizás ciudades extranjeras tan llamativas en aquella época como Londres, Paris o Nueva York.

Fue el turno entonces del nutrido grupo de lectores incondicionales del autor, que con sus certeras preguntas animaron aún más el acto. Tristante no tuvo dudas en contar parte de su trayectoria personal y profesional como una parte más de ese aprendizaje que todo escritor tiene que superar hasta alumbrar ese legado que le traiga el favor del público. Y él le está muy agradecido a un Víctor Ros que espera le siga dando grandes alegrías en futuras entregas. Añadió finalmente las ideas sobre futuros proyectos en los que trabaja, como una historia vampírica o una trama ambientada durante la construcción del Valle de los Caídos.

Como inesperado colofón del acto, en vez de la más habitual firma de libros, todos los allí presentes acompañamos al escritor y a una representante del Museo a una visita guiada totalmente personalizada. El edificio había sido cerrado al público durante nuestra estancia allí, por lo que pudimos disfrutar de un modo mucho más tranquilo de las maravillas reunidas en aquel recinto: escaleras magníficas que nos transportaron a elegantes salones vestidos a la moda del Romanticismo o a dormitorios bellamente vestidos; cuadros y ornamentos de la época dignos de cualquier bello palacio, entre ellos obras de Goya, Ribera o Madrazo; mobiliario isabelino, de estilo Imperio o fernandino, con piezas tan notables como uno de los dos únicos pianos verticales existentes en España o el conjunto de miniaturas que alberga el Museo. Una colección digna de ser visitada con más tiempo.

Casi dos horas después de haber entrado al Museo salimos de nuevo a la calle, dispuestos a continuar la charla con escritores y lectores, refrescando el gaznate en ese tercer tiempo tan característico de este tipo de actos. Aunque el fin de semana todavía no había concluido y esperábamos poder acercarnos a la Feria si mejoraba el tiempo.

El sábado fue llovioso y desapacible, por lo que esperamos a la mañana del domingo, que afortunadamente nos alumbró con un mejor día. Así que encaminamos nuestros pasos de nuevo hasta el Retiro, sorprendiéndonos con la auténtica marea humana que poblaba el Paseo central y los aledaños de la mayoría de las casetas. La gente tenía ganas de sol y libros, y aprovechando el buen tiempo tras unos días infames, llenó con su alegría el último día del certamen de este año.

Sin tiempo para más, ya que la hora se nos echó encima y las aglomeraciones nos impedían andar a buen paso, nos dirigimos a terminar lo empezado el viernes. Pudimos entonces saludar de nuevo a Jerónimo Tristante, que estuvo amabilísimo con nosotros y nos dedicó un ejemplar de su última novela. Minutos después nos acercamos también a saludar a Fernando Marías, que nos firmó su flamante premio Primavera mientras charlábamos unos minutos agradablemente con él.

No hubo tiempo para más. En nuestro camino hacia la salida vimos las colas que de nuevo albergaban Matilde Asensi, Julia Navarro o Almudena Grandes en sus casetas, las oleadas de tiernos infantes que esperaban la firma de sus personajes preferidos de dibujos animados embutidos en trajes de felpa o el arremolinamiento de curiosos en torno a la caseta donde firmaba "El Sevilla", cantante de Mojinos Escocíos y bailarín ocasional en televisión.

De camino hacia Atocha, tras pasar junto a una estatua importante en la trama de mi primera novela, nos dimos cuenta de que una nueva edición de la Feria del Libro de Madrid terminaba para nosotros. Unos días en los que habíamos disfrutado de preciosos momentos, en compañía de viejos y nuevos amigos, y deseando que el año que viene sea aún más especial para todos.

6 comentarios:

Blas Malo Poyatos dijo...

Una excelente traca de fin de fiestas, Armando. Qué gran fiesta de la cultura. Gracias por mostrarla para los que estamos lejos de allí.

Un abrazo

Armando Rodera dijo...

Es cierto, Blas, ha sido una grandísima fiesta de la cultura y un colofón magnífico para una quincena sin igual. Nosotros la hemos disfrutado todo lo que hemos podido.

Y ya sabes, espero verte por aquí al año que viene...

Un abrazo.

Sergio G.Ros dijo...

Muy buena crónica, Armando: como siempre nos deleitas y nos pones como espectadores de primera fila; gracias :-).
A Jerónimo Tristante también he podido conocerlo en un par de presentaciones, la última, además, para presentar esta tercera saga de Victor Ros, y suscribo totalmente lo que comentas: su soltura y amena charla.
Un abrazo.

Armando Rodera dijo...

Me agrada saber que os puedo hacer sentir como espectadores de este tipo de actos, Sergio. Así me siento más acompañado.

Imaginaba que al murciano Tristante habías podido conocerle. Yo no coincidía con él desde su presentación de "1969" el año pasado, pero de nuevo nos ofreció una charla muy entretenida.

Gracias por tu comentario. Un abrazo.

Daniel DC dijo...

Que exquisitez observar el diseño arquitectónico de una sección del Museo Renacentista; una de las bellezas de España y su cultura.

Sólo imaginar que un día puedas presentar tu novela en un auditorio así, sería uno de tus mejores sueños cumplidos mi estimado amigo.

Gracias por traernos cada año con tus crónicas, las vivencias de la Feria del Libro de Madrid.

Un cordial abrazo,

Daniel DC

Armando Rodera dijo...

Y eso que en las fotografías no se puede apreciar la exquisitez del lugar, Daniel. Sólo el edificio ya es un museo por sí mismo, aparte de la maravillosa colección que allí alberga. Os invito a pasear por su web a falta de poder hacerlo por sus estancias en vivo y en directo.

Desde luego fue el escenario ideal para presentar una novela ambientada en el siglo XIX.

Gracias a vosotros por compartir conmigo tan buenos momentos.

Un abrazo.