lunes, 19 de julio de 2010

EL VERANO QUE NUNCA OLVIDAREMOS

Después de unos días de asueto en la playa, y ya de vuelta a Madrid, reconozco que me está costando recuperar la normalidad y retomar los proyectos recién aparcados. Imagino que el sofocante calor que reina estos días en la capital, y que parece ser seguirá instalado entre nosotros, no ayuda precisamente a que las neuronas rijan a toda velocidad. Y uno echa de menos la brisa marina, claro está, en esas largas noches veraniegas en las que es imposible pegar ojo ni con el aire acondicionado puesto.

Hemos pasado una semana en la preciosa isla de Menorca, disfrutando de sus playas, su gastronomía, sus bellos parajes y una tranquilidad que para mí quisiera el resto del año. Y todo eso mientras en el resto de España se vivían unas jornadas inenarrables de exaltación popular. Pero vayamos por partes.

Nos alojamos en la zona norte de la isla, cerca del conocido puerto pesquero de Fornells, famoso por su caldereta de langosta, en una urbanización de estilo ibicenco compuesta por multitud de apartamentos situados estratégicamente en la ladera de una colina abierta al mar. Lo curioso es que esta urbanización, de estilo apartahotel, contaba con animación, recepción 24 horas y todos los servicios que os podáis imaginar, pero..., todo ello regentado por italianos!!! Os podéis imaginar el cachondeito y las bromas con el personal del hotel, todos majísimos, cuando aparecía por la recepción con mi camiseta de "La Roja". Aunque el que rie el último rie mejor...

Con nuestra base de operaciones allí instalada, y con el coche alquilado desde la península dada la escasez de vehículos, decidimos recorrer la isla para disfrutar de un entorno declarado reserva de la biosfera por la UNESCO. Visitamos las recónditas calas del norte, de arenas oscuras y/ rojizas, atravesando estrechísimas carreteras de acceso que preservan estas maravillas naturales del turismo masivo y la degradación ecológica. Como Cala Pregonda, a la que sólo se accede andando una media hora por terrenos escabrosos y bajo un sol de justicia, después de dejar el coche en el parking adyacente. Pero os aseguro que la caminata merece la pena. O la espectacular playa de Cavallería, con su faro y su cabo rompiendo las aguas cristalinas de esa parte del Mediterráneo, mientras muchos turistas se embadurnaban el cuerpo con las arenas rojizas de la zona, imagino que para exfoliar la piel.

La isla no es muy grande, unos 55 kilómetros de Este a Oeste, aunque las carreteras distan mucho de las autovías a las que estamos acostumbrados. Aunque eso es parte de su encanto y lo que sigue permitiendo que el turismo de masas no haya llegado todavía a Menorca, ni la salvaje corrupción urbanística del Levante español se instale en uno de los paraísos que todavía perduran en el Viejo Continente.

Visitamos también las dos ciudades principales de la isla. Primero la encantadora Ciudadela, por la que te podías perder por callejuelas y soportales en su casco antiguo, degustando productos típicos de la zona mientras nos cruzábamos con personajes famosos como la actriz Ana de Armas o el futbolista Joseba Etxeberria, antes de alcanzar su famoso puerto fortificado, jalonado de restaurantes donde el pescado y el marisco alcanzan su máxima expresión.

La ciudad de Mahón me gustó algo menos, quizás porque ejerce más de capital administrativa de la isla, dejando a Ciudadela la capitalía más turística. Cuenta con uno de los puertos naturales más importantes del Mediterráneo, de más de 5 kilómetros de largo y casi uno de ancho en algunas zonas, que recorrimos en un barco turístico en el que este marinero de agua dulce comenzó a marearse en cuanto la embarcación abandonó las tranquilas aguas de la bahía para adentrarse en alta mar mientras viraba de nuevo a tierra. Aunque eso no me impidió disfrutar de bellas vistas, como la fortaleza de La Mola construida siglos atrás, el antiguo hospital de enfermedades infecciosas, la casa del almirante Nelson o las impresionantes construcciones que los ricos y famosos poseen en un lateral del puerto, colgadas literalmente sobre el mar, con sus particulares plazas de atraque, única manera de llegar hasta ellas.

La zona sur de la isla también la visitamos numerosos días, maravillándonos ante las increibles playas que uno puede encontrarse en la zona. Playas de arena blanca y aguas transparentes, dignas del mejor Caribe pero mucho más nuestras, en parajes abiertos como la playa de Son Bou, un arenal de 4 kilómetros de largo, o más recónditos como Cala Porter, un agreste barranco convertido en playa para deleite de los sentidos. Sin olvidarnos de bellezas como Cala Galdana, Cala Mitjana, Cala Macarella y otras muchas que no voy a enumerar.

Y entre tanta belleza y tranquilidad no podía dejar de contaros las extrañas sensaciones que viví mientras la selección española de fútbol avanzaba hasta la final del campeonato del mundo. Que le vamos a hacer, a mí también me gusta el deporte. En una zona repleta de turistas extranjeros, la mayoría con sus selecciones ya eliminadas, me sentía algo extraño, casi como si no estuviera en mi país. Aunque los saludos de gente desconocida, incluso de coches y camiones pitando al verme con la camiseta roja, me llenaron de orgullo.

Alejado de la capital, y sin poder creer que fuera a ver una final largamente esperada en un entorno tan distinto al mío, disfruté y sufrí como un condenado en ese partido en el que los holandeses nos dieron patadas sin descanso. Hasta que el estallido de alegría y el grito correspondiente que di asomándome al balcón del apartamento cuando Iniesta marcó el gol de su vida me hicieron olvidarme de todo. En el silencio de la noche, estupefacto por no oír cohetes, ni gritos ni claxon alguno en aquel recóndito lugar, salimos a la calle y celebramos la victoria en un bar anexo al hotel, regentado por españoles. Allí quedaban todavía unos pocos pero entusiastas seguidores, que acto seguido se lanzaron a la piscina vestidos y todo, mientras tomábamos unas copas y hablábamos con desconocidos tan contentos como nosotros, aplaudiendo espontáneamente cuando en la televisión allí instalada vimos el famoso beso de Iker Casillas y Sara Carbonero.

Tengo que reconocer que entre la playa y el mundial no he pensado mucho en literatura, no lo voy a negar. Incluso he leído bastante menos de lo que acostumbro en vacaciones, pero os aseguro que esta semana no la olvidaré en la vida. Sí, ya sé que lo del pan y circo sigue instalado entre nosotros, pero por unos días no viene mal olvidarse de problemas y sinsabores mientras disfrutamos de una experiencia con la que nadie contaba. Al principio me dio rabia no poder estar en Madrid para celebrar la vuelta de los campeones, aunque viendo la increíble y desmesurada respuesta de la afición no sé si me hubiera atrevido a meterme en esa vorágine de gente feliz. Lástima que esos dos millones de personas no se lancen a la calle para protestar por el empleo precario, la corrupción política, el problema de la vivienda o la maltrecha economía. Pero esto es España, para bien y para mal, y por una vez, y sin que sirva de precedente en este país que tendríamos que dar la vuelta como un calcetín, yo también estoy orgulloso de ser español.

24 comentarios:

QuietBrown dijo...

Solamente una palabra para empezar: envidia. De la buena, de la sana -yo creo que sí existe a veces, ¿no?- y de la que da buen rollo... Las Baleares son mis grandes olvidadas en las vacaciones, siempre me tira más el archipiélago canario, pero tomo nota de tu experiencia =)
Y no te disculpes porque te guste el fútbol, hombre, si alguien es becerro lo será tanto si le da al ajedrez como si le da a la pelota, igual que si es inteligente, culto... Vamos, que el deporte no da virtudes ni defectos, solamente los exagera ;-)
¡Saludos!

Armando Rodera dijo...

Bienvenida a este blog, Natalia. Claro que existe esa envidia sana, o eso creo, je, je. Tenemos islas estupendas, tanto en las Baleares como en Canarias, así que te recomiendo ambos archipiélagos...

Hombre, a mí me encanta la literatura, el arte, la arquitectura, el cine o los viajes. Pero también el deporte, es cierto. Aunque lo que dices es verdad, el deporte puede exagerar las virtudes o defectos de cada uno. Eso sí, nunca había visto tal expresión de españolía (hablando de camisetas, bufandas y banderas rojas pululando por todos los sitios). Y si el deporte ha servido para unir un poco más este país, olvidándonos de rollos políticos, tampoco viene mal una alegría de este tipo de vez en cuando.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Bienvenido al asfalto, Armando. PAra eso están las vacaciones, para alejarse de las actividades cotidianas...incluso la literatura requiere desengancharse un poquito.Yo ya estoy que me subo por las pareces y no veo el final de las vacaciones. Nos vemos pronto. Un abrazo.JC

Armando Rodera dijo...

También tienes razón, Juan Carlos, para eso están las vacaciones. Imagino que tú andarás liado, entre dejar los temas zanjados en el trabajo antes de marcharte más los demás temas que tienes pendientes. Ya te quedan pocos días.

Un abrazo.

Alicia Uriarte dijo...

Todas esas experiencias, a modo de fotografias, seguro que quedarán atrapadas en algún lugar de vuestra mente para ser recuperadas y de nuevo recreadas para alegria de otros momentos menos soleados del devenir futuro. Yo a lo que habeis vivido lo denomino tiempo de calidad.

En tu ausencia, hice lo que pude en la crónica de un mundial vivido en el Pais Vasco que seguro que Arantza comprenderá perfectamente.

Con respecto a la Semana Negra de Gijón expresarte que siempre estará unida a tu persona por qué fuiste el artifice de que yo llegara al Genero Negro por la puerta grande.

Y envidia por envidia, te espero en La nieve para la primera parte de la correspondiente crónica de la Semana Negra ja,ja,ja.

Ongi etorri!

MiánRos dijo...

Me dejas los dientes largos, Armando. Bueno, ja ja, estamos en tiempos de... vampiros ¿o no? Lo importante de las vacaciones es que os hayan servido para desconectar, recargar la cabeza con nuevos proyectos y sentir que se ha descansado plenamente para afrontar lo que queda del año y futuros meses hasta las próximo asueto.
Las fotos son increíbles. Menorca luce espléndido.
Un fuerte abrazo, amigo.
Mián Ros.

Sergio G.Ros dijo...

Ja,ja.. Armando, yo también disfruté como un cochino viendo el mundial, y por supuesto a la selección, joer cómo nos reímos mi mujer y yo viendo el ansiado beso.... Respecto a las vacaciones, qué decirte, que vaya envidia das, jodío, y ahora a volver a la realidad.
Un abrazo.

Armando Rodera dijo...

Pues tienes toda la razón, Alicia. Esos momentos no se olvidarán nunca y las fotos nos ayudan a recordarlos.

Lei el otro día tu valiente y magnífica entrada sobre el frontón de Barakaldo, pero quería pasarme más tranquilamente para comentar. Y si encima hay entrada sobre la Semana Negra, ya estoy tardando en refrescarme en La nieve...

Un abrazo.

Armando Rodera dijo...

Me alegra que os hayan gustado las fotos, MiánRos. Menorca es espectacular, se la recomiendo a todo el mundo.

La verdad es que si hemos descansado, pero al volver a Madrid, con estos sofocantes 40º que no bajan apenas ni por la noche (hoy no he dormido nada), me he dado cuenta de que este año nos hemos ido pronto y queda todavía mucho verano por delante. Tendremos que escaparnos algún finde más por ahí...

Un abrazo.

Armando Rodera dijo...

Eso está bien, Sergio, que todos disfrutaramos como niños de un hecho histórico que jamás pensamos que pudiera suceder.

Bueno, no quería daros mucha envidia, je, je. Sólo compartir con vosotros mis vivencias y traeros alguna foto refrescante para mitigar estos calores.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Bienvenido a casa, ya veo (o leo) que has disfrutado de lo lindo por esas tierras menorquinas y me alegro, a veces hay que olvidarse de los malos rollos y vivir.
No te preocupes de la literatura, a todos nos cuesta levantar la pluma con estos calores, y también es complicado centrarse con la lectura (de eso hablo precisamente en mi post). Ya vendrán tiempos mejores.
En cuanto al triunfo de la selección, aunque te pillara fuera de España, seguro que lo disfrutaste a tope. ¡Somos los mejores!
Un abrazo.

Armando Rodera dijo...

Pues sí, Maribel, hemos disfrutado por Menorca, bella isla que hay que visitar por lo menos una vez en la vida.

Sobre lo de escribir y leer en verano tienes razón. Una vez de vuelta en casa he leído más, aunque sigo perreando con la escritura, je, je.

Y efectivamente, el triunfo de la selección fue apoteósico!! Eso sí, estábamos fuera de la península, no fuera de España, a no ser que los guiris nos la hayan vuelto a arrebatar, je, je.

Un abrazo.

Maribel dijo...

Jajajaja, se me fue la pinza, yo ya te había largado del país, jajaja...

oriafontan dijo...

Es honesto reconocer esos momentos en que uno se deja llevar por ilusiones planceteras como la victoria en el mundial de fútbol.

Poca literatura... vaya... seguro que es un merecido paréntesis.

Alicia Uriarte dijo...

Armando, te venía a comentar que ya inserté la parte final de la crónica de la Semana Negra.
Un abrazo

Armando Rodera dijo...

No pasa nada, Maribel, son los calores del verano, ja, ja, que nos tienen a todos un poco desquiciados, ja, ja.

Saludos.

Armando Rodera dijo...

Pues sí, Oriafontan, por unos días en los que uno se olvide de todo no ocurre absolutamente nada. Es verano y se perdona.

Eso sí, ya estoy de vuelta empezando a coger el ritmo de lectura y escritura.

Un abrazo.

Armando Rodera dijo...

Ahora me paso por allí, Alicia. Gracias por avisar.

Un abrazo.

Arlette dijo...

Por culpa del mundial casi no cumplo con un plazo editorial, pero ha sido maravilloso contemplar (aunque con inmensa agonía) que la copa es nuestra.
Bienvenido al mundo real, como decía Morfeo en Matrix....;)

Armando Rodera dijo...

Veo que tú también has disfrutado del Mundial, Arlette, aunque no imaginaba que hasta el punto de complicarte los plazos editoriales. Si es que estos chicos no saben la que han liado en España, je, je.

Gracias por pasarte. Un abrazo.

Blas Malo Poyatos dijo...

A mí el Mundial ni me ha inmutado, tengo otras preocupaciones en la cabeza. Me apunto el lugar y esa playa, porque si algo odio es la hiper-saturación de las costas españolas. Prefiero menos gente y más naturaleza: Almería y Cabo de Gata es un buen ejemplo.

Un abrazo

Armando Rodera dijo...

Entiendo que tienes otras cosas por las que preocuparte, Blas, pero el Mundial ha hecho feliz a mucha gente.

En cuanto a las playas, estoy contigo, yo también prefiero las más vírgenes y menos saturadas. Puedes apuntar otra recomendación que a buen seguro no te defraudará: las increíbles playas del sur de Fuerteventura.

Un abrazo.

B. Miosi dijo...

Querido Armando, maravillosa la descripción de los parajes semidesérticos de turistas de Menorca, con sus playas de arenas blancas y aguas turquesa, ¡si parecen caribeñas!
Yo he visto el mundial, he escuchado el mundial, y he hablado del mundial, cómo no, me encantan los mundiales y todo lo que allí ocurre cada cuatro años. Por supuesto, teniendo ahora tantos amigos españoles, lo lógica es que le fuera a España, aunque confieso que al principio creía más en Alemania. Me alegró mucho que se quedaran con la copa del mundo, !!y también me gustó el beso de Iker!! ja, ja, Aquí en Venezuela hay tal cantidad de españoles que las calles y los carros estaban inundados por las banderas españolas. Celebramos a lo grande el triunfo de ustes, claro, a falta de una selección decente... ja, ja, no arrimamos a los que van ganando.

Un beso y bienvenido al mundo blogero, Armando!

Blanca

Armando Rodera dijo...

Me alegra que te haya gustado la descripción de Menorca, Blanca. En verdad algunas playas parecen sacadas del Caribe, es un sitio precioso.

¡Cómo no ibas a seguir el mundial! Yo tampoco las tenía todas conmigo al principio, y más sabiendo que España nunca pasaba de cuartos, pero una vez que ese cruce se dejó atrás sabía que quedarían campeones. Es un gusto saber que en Venezuela también se apoyó a "La Roja", ya que "La Vinotinto" no suele participar en estos eventos.

Espero que vaya todo bien por allí, que últimamente se oyen muchas tonterías de Chávez. También me han sorprendido las imágenes de la ola polar en Perú, deseo que amigos y familiares estén todos bien.

Un fuerte abrazo.