jueves, 17 de febrero de 2011

"BENEGAS", DE FRANCISCO JOSÉ JURADO

Francisco José Jurado es un escritor cordobés con una larga trayectoria literaria coronada con diversos premios y menciones, sobre todo en el ámbito del relato. "Benegas" es su primera novela, publicada por Almuzara, y el apellido del protagonista de esta obra que promete convertirse en saga: el inspector jefe de la Brigada Judicial de Homicidios de Córdoba, patria chica del autor. Una novela que ha cosechado premios y elogios de crítica y público, destacando el haber sido finalista de los premios Brigada 21 y Novelpol de novela negra. El debut soñado para cualquier novelista.


La novela se compone de tres historias diferentes, tres tramas aparentemente independientes en las que Benegas y su peculiar equipo tienen que poner toda la carne en el asador para resolver la investigación. Pero nada es lo que parece y la aparente inconexión entre las tres historias dará lugar a uno de los finales más sorprendentes con los que podemos encontrarnos, no ya sólo en el género negro, sino en la narrativa en general.

En la primera de las historias Benegas y sus ayudantes investigan la muerte de un importante político que andaba metido en asuntos turbios, entroncados con oscuros tejemanejes ocurridos en la Córdoba del primer franquismo, una vez acabada la Guerra Civil: la Falange, la Iglesia, las instituciones sociales y el negocio de la compra-venta del oro se mezclan en un caso mucho más complicado de lo que parece.

En el segundo relato aparece otro de los grandes estigmas de la sociedad actual: la pornografía infantil y el trato vejatorio en la prostitución de altos vuelos. Un negocio millonario en el que están involucrados famosos de medio pelo y profesores universitarios, en una red sin escrúpulos en la que el chantaje, la corrupción o el asesinato pueden ser moneda de cambio para cualquiera de los jugadores en tan peligroso mundo.

Pero es al llegar al tercer y definitivo relato, "¿Quién mató a Frankie Jurado?" cuando el autor, con ese inequívoco guiño a su propio nombre en el título de la trama, da una inesperada vuelta de tuerca al lector, absorbiéndole sin remedio en una vorágine en la que no sabemos qué es ficción y qué es realidad. Todo arranca con la desaparición de un joven escritor que ejercía de negro literario, vendiendo su alma y su obra al diablo, en este caso en la persona de un mediocre escritorzuelo de tres al cuarto lleno de ínfulas, que gracias a los cheques firmados por su padre, conocido banquero y prohombre cordobés con amistades en las altas instancias, consigue hacerse un nombre gracias a las obras del "ghost writer" y los apaños entre cajas de ahorros e instituciones culturales a la hora de conceder los premios literarios de la comarca.

Francisco José Jurado, heredero de la mejor novela negra mediterránea (el autor se confiesa admirador de Vázquez Montalbán, Markaris o Montalbano, aunque también bebe las fuentes de Mankell) nos presenta a un Benegas algo alejado de los cánones habituales de policías de novela. Y la diferencia quizás más importante es su normalidad. Un hombre de la calle, de su época, trabajador, cínico y observador de la vida que le ha tocado vivir. Un inspector con olfato que no cree en artificios para descubrir a los culpables de los crímenes, sino sólo en el trabajo bien hecho. Un hombre como otro cualquiera, enamorado de su mujer hasta la médula aunque esté atravesando el bache matrimonial que puede sucederle a cualquiera. Un policía conocedor como pocos del ambiente en que se mueve, de los bajos y altos fondos de esa Córdoba bella y milenaria que los turistas de fin de semana ignoran que existe.

Mención aparte merecen los grandes secundarios de estas historias, tanto el equipo investigador de Benegas como los diferentes protagonistas que aparecen en las tramas detectivescas. Personajes realistas que viven, ríen, lloran y deambulan por su ciudad, conociendo de su mano las tascas típicas de la zona, los monumentos más importantes o las instituciones que gobiernan con mano firme la ciudad. Con unos diálogos certeros, algo ácidos en determinadas circunstancias, Benegas y su cuadrilla nos van metiendo de lleno en sus investigaciones mientras avanza la trama, hablando de fútbol, mujeres, jefes insoportables o cualquier otro tema de los que podríamos escuchar en nuestra vida diaria, mientras disfrutan de unas cervezas tapeando para olvidarse de la dura jornada laboral.

El autor realiza una arriesgada apuesta tanto en el fondo como en la forma. En el más canónico ejercicio de novela negra, recreadora de la sociedad en la que se mueven los personajes, esta novela nos destripa sin ambages los trapos más sucios de esa Córdoba que los demás desconocemos: corrupción política y de otras instancias sociales, tráfico de influencias, tramas urbanísticas, negocios sucios al albur del enriquecimiento de las joyerías, prostitución de altos vuelos en los ámbitos más selectos de la ciudad, chantajes por Internet, explotación de becarios en la Universidad, la Iglesia y sus múltiples brazos ejecutores, el negocio de la compra de premios literarios, los chanchullos entre bancos, cajas de ahorros con su obra social y los políticos de turno, etc. Este libro no deja títere con cabeza en una capital de provincia donde todos se conocen, transformándose la ciudad en un personaje más de la trama.

Pero lo que sorprenderá de verdad al lector es el juego de espejos que se desarrolla en la última y apasionante parte de esta novela. Hasta aquí la obra se desarrollaba en esa tercera persona omnisciente tan clásica. Pero en el último tramo los hechos se suceden a un ritmo vertiginoso, narrados en primera persona por alguien que nos cuenta lo que está ocurriendo en tiempo real. Descubrimos que Frankie Jurado es el escritor contratado como negro y Benegas se transforma en el personaje principal de sus novelas vendidas a instancias de sustanciosos cheques que obviarán su autoría. El inspector Benegas y sus ayudantes pasan a la vida real, mientras el lector y el escritor se convierten en personajes literarios. Un complejo entramado que seducirá al lector, llevándole por derroteros inimaginables en los que la ficción y la realidad se entremezclan hasta desembocar en un poderoso final que te deja sin respiración.

Una novela particularmente bien escrita, con un cuidado estilo y una trama que va in crescendo, dejando lo mejor para el final. En definitiva una obra digna de destacar en estos tiempos en los que la novela negra anglosajona o escandinava está de moda, demostrando que los protagonistas policiales en las obras de los grandes maestros del sur de Europa pueden tener un digno sucesor en este Benegas que tendrá su propia saga literaria.

jueves, 3 de febrero de 2011

RENOVARSE O MORIR

La temida cuesta de enero ha terminado. O no, porque las predicciones apuntan a que este año durará al menos hasta el mes de abril. De hecho, parece que sólo hemos pasado la primera página del calendario de este 2011 que ha comenzado turbulento en todo el mundo. Y lo que nos falta.

Llevo unas semanas bastante reflexivo, sobre todo en los últimos días. Será el dormir poco, que activa mis neuronas mientras intento conciliar el sueño, sumiéndome en todo tipo de cavilaciones tanto personales, como profesionales, literarias o simplemente mundanas. Hoy me vais a perdonar, pero quiero compartir con vosotros parte de esas reflexiones, y quizás esta entrada sea un poco más larga de lo normal.

Tranquilos, no voy a hablaros de los casi cinco millones de parados que tenemos en España, aunque podría. Ni de la incapacidad manifiesta e inutilidad insultante de todos nuestros políticos, sean del pelaje que sean: de izquierdas, de derechas o supuestamente de centro; locales, autonómicos, estatales o internacionales. No se libra ninguno y así nos va. Aunque casi es peor la panda de especuladores, empresarios y banqueros sin escrúpulos que nos han hundido en la crisis global más importante que hemos vivido. Ellos a pedir ayuda a los gobiernos, mientras se han estado llevando el dinero a manos llenas y los pobres trabajadores de a pie a apretarse el cinturón. No, de eso tampoco voy a hablar, que me caliento...

Quizás la crisis planetaria tenía que reventar por alguna parte. Y de hecho estamos viviendo con asombro los acontecimientos sucedidos primero en Túnez, luego en Egipto y ahora vislumbrando la posibilidad de que se extiendan a otros países musulmanes. La clase obrera se ha cansado de ser pisoteada, y en Europa parece que nos da todo igual. Aquí sólo nos echamos a la calle para festejar triunfos deportivos o para protestar por prohibiciones contra el alcohol o el tabaco. Así nos va. Y esto no tiene visos de mejorar. Pero tampoco voy a hablaros de las revoluciones de los que nada tienen ni temen. Aunque, mirándolo bien, el tema de hoy si tiene relación con uno de los catalizadores de lo que estamos viendo en telediarios de todo el mundo.

Me refiero a la revolución digital, a la era de Internet. El uso de las redes sociales está cambiando el mundo, y de hecho gran parte de las manifestaciones convocadas se hicieron a través de la Red. Y aunque las autoridades intenten acallar a las masas cortando la conexión, como ocurrió no hace demasiado tiempo en Irán, el poder intrínseco de la tela de araña global supera las previsiones de los mandatarios más restrictivos. Un nuevo poder para el pueblo, que vive gozoso situaciones por las que siempre había suspirado en el caso de algunos pueblos oprimidos.

Pero en el supuesto primer mundo, Internet también está cambiándolo todo. Hoy en día no nos imaginamos nuestra vida sin la Red, y de hecho nos sentimos huérfanos cuando, por cualquier circunstancia, estamos unos días sin conexión. En cierto modo también es bueno desintoxicarse un poco, pero para las nuevas generaciones Internet es algo tan innato como el aire que respiramos. Y para nosotros, nos guste o no, también forma parte de nuestra vida. La revolución digital ya está aquí, no es algo futuro, sino presente. Ha venido para quedarse y todos debemos adaptarnos si no queremos quedarnos obsoletos.

No voy a enumerar ahora las indiscutibles ventajas de Internet ni sus maravillosas aplicaciones. Tampoco los peligros que también engloba un arma tan poderosa. Hoy voy a centrarme en algo que nos concierne como lectores, escritores, internautas y amantes de la cultura en general. Debates que llevan semanas en el ciberespacio, poblando webs, blogs, foros y redes sociales. Con posturas antagonistas, enemigos recalcitrantes y encendidas polémicas que no nos llevan a ninguna parte. Porque todo el mundo tiene que ceder un poco para que esto no se nos vaya de las manos.

Todos habéis oído hablar de la famosa ley Sinde. Una ley que no gusta a nadie, ni a los defensores del "todo gratis", ni a los autores que ven vulnerados sus derechos. Gobierno y oposición, internautas y gente de la cultura, artistas y autores junto al público de a pie forman un conglomerado difícil de armonizar. Y radicalizar las posturas no nos va a llevar a ningún sitio.

He leído lo que he podido sobre el tema, incluyendo las polémicas en Twitter por parte de Alejandro Sanz, las asociaciones de internautas o el mismo Alex de la Iglesia. Las cosas se han sacado de quicio y en algunos casos se ha salido de madre el tema. Y como dice el refrán, "En el punto medio está la virtud". Así que habrá que buscar una entente cordial, aunque la solución no parece cercana. Y entre tanta lectura me ha llamado la atención un artículo publicado por el escritor Juan Gómez Jurado en Alt1040.com. Por favor, me gustaría que lo leyerais con tranquilidad para poder debatir sobre el tema. Y si tenéis algo de tiempo, leed también los comentarios, no tienen desperdicio.

Estoy bastante de acuerdo con casi todo lo que se dice en ese artículo, aunque se podrían matizar algunos detalles, incluyendo el título. No podemos criminalizar a todo el mundo, cosa que hace, por ejemplo, el famoso canon digital (ese que nos cobran a los usuarios en vez de pagarlo los fabricantes, como estipula la ley). Tampoco me parece bien todo la idea de cerrar webs por mandato judicial y toda la parafernalia de alrededor creada con una ley que no satisface a nadie. Tenemos que aprender a convivir con las nuevas tecnologías, no cerrar los ojos, e intentar adaptarnos. Una nueva era ha llegado a nuestras vidas, y tenemos que ponerle remedio para no quedarnos atrás. Y es cuestión de todos el remar hacia delante para que los beneficios repercutan al mayor número de personas.

Siempre se habla de la especial idiosincrasia española, la picaresca y demás. O de lo cara que es la cultura. Pues sí, es cierto. Pero no por ello, y aunque nos encontremos en el paro, vamos a dejar de comprarnos un libro o ver una buena película en el cine. Pero si tenemos otras plataformas a nuestra disposición, a ser posible legales y de buena calidad a precios razonables, seguro que a la larga los beneficios para todos serán numerosos. De hecho, yo seguiré prefiriendo gastarme veinte euros en un buen libro o en ver una obra de teatro que en tomarme dos copas. Pero debe haber también otras opciones.

En el artículo se habla del éxito en el mundo anglosajón de plataformas como Amazon, Itunes o Netflix. Vale, quizás no somos americanos. Probemos entonces algo nuestro, más cercano a nuestra cultura, pero no engendros como Libranda. Una plataforma hipermillonaria que parece querer alejar al lector de la posible adquisición de un libro digital.

Amazon desembarcó en Europa y España cerró los ojos. En Estados Unidos ya venden más libros digitales que normales, con miles de ejemplares a precios tan asumibles como 7 $, incluyendo novedades, a un sólo click de nuestro ratón. Y aquí, después de pegarse durante media hora con páginas e intermediarios, consigues un libro por 16 € en un formato que ni siquiera sirve para tu e-reader. Y sin ningún valor añadido, un simple archivo pdf o epub. Verdaderamente lamentable. Eso tiene que cambiar.

No será un camino de rosas, pero todos podemos aportar nuestro granito de arena. Habría que reformar la Ley de Propiedad Intelectual, abolir el famoso canon y abogar por el entendimiento entre las partes. Yo soy lector e internauta, pero también escribo. Con publicar ya me doy por satisfecho, no pienso ahora en vivir de los derechos de autor. Pero entiendo que algo hay que hacer para acabar con la barra libre.

La piratería no ha acabado, de momento, ni con la música ni con el cine. Pero esos artistas tienen otros modos de obtener beneficios. Un escritor no, exceptuando las grandes plumas que cobran por asistir a ciclos, conferencias y actos diversos. Su trabajo debe ser recompensado, y muchos autores se están planteando cambiar el modelo de negocio, que conlleva un montón de intermediarios que encarecen el producto sin que le repercuta realmente ese beneficio al autor de la obra.

De hecho, entre los comentarios del artículo mencionado, un escritor del que ya había oído hablar asoma la cabeza en tan intenso debate para comentar su situación. Bruno Nievas, que así se llama el autor, habla de una novela inédita que regala gratis en su web ante el reiterado rechazo de agencias y editoriales, con el aval del mismísimo Juan Gómez Jurado como lector entusiasta de la misma. De nuevo el poder de Internet. Ya había oído menciones sobre esta novela en algunas páginas y esta semana me la he vuelto a encontrar en diversos blogs. Incluso sacaron un reportaje sobre este escritor y su obra en el diario gratuito de mayor difusión nacional.

El poder del marketing viral es brutal. Preadolescentes que colgaron sus videos en Youtube son ahora estrellas mundiales del pop. Y la novela que menciono, "Realidad aumentada", subió su popularidad como la espuma. Hace unos días andaba por las 7.500 descargas gratuitas de la obra, pero ahora creo que lleva más de 25.000 descargas. Algo realmente sorprendente, y que nos dice mucho del poder de Internet. Quizás haya que planteárselo.

El mundo está cambiando y nosotros podemos ayudar a mejorarlo en la medida de nuestras posibilidades. Quizás éste es el punto de inflexión que creará un nuevo modelo de negocio, más afín con la época que vivimos. Sólo el tiempo nos lo dirá, pero mientras tanto, intentaremos seguir avanzando para no desfallecer ante el reto colosal que se presenta ante nosotros.

Y vosotros, ¿qué opináis de todo esto?