lunes, 25 de abril de 2011

"CORTEO", EL NUEVO ESPECTÁCULO DEL CIRCO DEL SOL EN MADRID

Creo que ya va siendo hora de ponerse al día con la blogosfera, a la que tengo un tanto abandonada en las últimas semanas por diversos motivos. Y nada mejor que después de unos días festivos para reencontrarme con los viejos amigos que llevan acompañándome desde hace dos años y medio en una bitácora que me ha dado muchas satisfacciones.

Os cuento esto porque esta entrada será la número 100 del blog. Un número redondo de posts en los que he hablado de todo: andanzas y reflexiones sobre el difícil mundo editorial, entrevistas, reseñas, artículos de opinión, crónicas de eventos varios, películas e incluso viajes. Treinta meses de vida de un espacio virtual que para mí es muy importante y que no pienso abandonar, por muchos altibajos que nos encontremos en nuestros quehaceres diarios. Un lugar donde encontrarme con gente a la que aprecio, admiro y con los que comparto aficiones e ilusiones. Un foro de literatura, pero también mucho más, donde todos hemos podido aprender algo gracias a los demás, debatiendo sobre diversos temas que han realzado el blog para insuflarle vida. Desde aquí, de nuevo, os doy las gracias a todos vosotros por acompañarme en este singular camino.

Y como no quería ponerme demasiado sentimental hoy, y tampoco tengo grandes noticias que contaros a nivel editorial (el famoso día del libro lo he pasado bastante alejado del tema), voy a contaros a mi modo una de las grandes experiencias que he tenido en los últimos tiempos. No es literatura, pero para mí es arte, y creo que todos somos enamorados del arte. Me refiero al último espectáculo que el Circo del Sol ha estrenado en Madrid, de nombre Corteo.

Y es que hace unos días tuve la suerte de asistir a este hermoso espectáculo, bajo esa enorme carpa situada en los aledaños de la Avenida de Portugal en Madrid. Un Gran Chapiteau lleno a rebosar por casi tres mil personas, ansiosas por disfrutar de esta nueva aventura del famoso Cirque du Soleil. Corteo no es sólo uno más de los 22 espectáculos que la compañía canadiense formada en los años ochenta tiene por todo el mundo, ya que sin duda es uno de los más especiales debido a su grandeza y complejidad.

Corteo ("Cortejo" en italiano) es toda una caricia para los sentidos, diseñada para embelesar al espectador nada más acceder al magno recinto y sentarse en su butaca. Y es que antes de comenzar la función ya podemos admirar las impresionantes cortinas de estilo barroco diseñadas por Jean Rabasse, con unas medidas de 19 x 13 metros, que separan al público de la función que está a punto de comenzar, pero que tienen además un papel fundamental en el desarrollo de la obra.

Corteo no se asemeja en nada a otros espectáculos del Circo del Sol, siendo mucho más evocador en el sentido teatral del mismo. Un aire mediterráneo que nos transporta quizás a comienzos del siglo XX, con el aura mágica de esos retratos antiguos en color sepia que todos hemos visto. Y es que la mano del director, el italiano Daniele Finzi, se nota en los detalles que hacen de esta nueva vuelta de tuerca al mundo del circo una experiencia única, cerca del neorealismo de las películas de Fellini.

El personaje principal de la función es Mauro, el payaso soñador, que enseña al público su propio funeral, un maravilloso cortejo fúnebre que no entristece, sino que subyuga al patio de butacas mientras contemplamos los veinte números de los que está compuesto Corteo. Pero el espectador duda, ya que no sabe si está contemplando el verdadero funeral de Mauro o es sólo una ensoñación más de este increíble personaje, que nos transporta sin dudarlo hacia ese universo mágico tan difícil de alcanzar.

Un viaje por los sueños, un espectáculo de luz y color, magia y música, pero también un mundo donde la poesía se transforma en movimiento. El funeral es el punto de partida para la aparición de los diferentes personajes que forman la gran familia de Corteo: el jefe de pista, un silbador sin igual; el característico payaso blanco, que le muestra a Mauro las excelencias del circo; la payasa, esa gran dama; el gigante, un cantante amateur de opera que se cree Carusso y que es el gran amigo de Mauro; sin olvidarnos por supuesto de los liliputienses, una pareja de artistas rusos que no alcanzan el metro de altura, pero que protagonizan algunos de los momentos más entrañables de la noche.



El alma de Mauro ha abandonado su cuerpo y desde el cielo contempla este desfile que no es fúnebre, acompañado por un coro de ángeles que le entrega sus nuevas alas. La tristeza no tiene cabida en el repaso a una vida llena de alegría, mientras contempla extasiado lo que acontece en su propio funeral.

Pero mientras la gran familia del circo da su último adiós a Mauro en ese cortejo sin igual, los sobrecogedores números que tanta fama han dado al Cirque du Soleil van haciendo aparición para deleite del respetable. Desde la elegancia y plasticidad de la actuación de los candelabros hasta la dificultad extrema del ejercicio en la cuerda floja ascendente. Números ensayados hasta la extenuación para conseguir un resultado más allá de la perfección, aunando circo y teatro, como en el embriagador número de las camas elásticas mullidas o el de la barra fija. Malabares de precisión, marionetas que cobran vida, equilibristas sobe una escalera imposible, cintas infinitas que vuelan a gran velocidad suspendiendo de la nada a los acróbatas, aros gigantes en simbiosis perfecta con cuerpos flexibles y otras actuaciones que dejan al público totalmente sin habla, entregado a un espectáculo que jamás olvidarán.

Un público que en esta ocasión está separado, dividido por un escenario especial formado por dos plataformas giratorias de más de 31 metros y una pista de 12 metros de largo. El mismo público que aplaude a rabiar los números más arriesgados, pero que también se emociona, ríe y llora con los interludios más teatrales como la aparición de los caballitos o el juego del golf. Sin olvidarnos de los pequeños payasos rusos, que construyen su particular visión de Romeo y Julieta en un teatrillo de estilo barroco o vuelan por el aire sujetados por cinco enormes globos blancos, como esa dulce Valeria que juega con el público, ayudada a transportarse de un lugar a otro de la enorme carpa con sus tiernos empujones.

Casi 150 minutos de función que se escapan en un suspiro, dejando un dulce sabor de boca que anhelas con repetir lo antes posible. En mi particular opinión me quedo con "Paraíso", un apabullante número que asocia dos increíbles habilidades como son el bastidor coreano y el tramponet, nunca combinados anteriormente, en un arriesgado ejercicio de precisión y velocidad. Y es que ver a fornidos trapecistas separados por más de cinco metros, y situados a más de diez metros de altura, lanzarse y recoger a sus compañeras en el aire es algo que te deja sin respiración.

Así que ya sabéis, queridos amigos. El que quiera disfrutar de una noche diferente ya sabe dónde tiene que acudir. La caravana del Circo del Sol recorrerá diferentes ciudades españolas en los meses siguientes, y creo que es una magnífica oportunidad que no se puede desaprovechar. A los que ya lo conocéis os sorprenderá este nuevo espectáculo, y los neófitos seguro que no se arrepienten de vivir en directo una experiencia mágica.